Puedes acabar en la cárcel por la huella de tu oreja

En el año 1996, el fiscal de Leeds (Reino Unido) utilizó por vez primera la huella de una oreja para acusar a Mark Dallagher del asesinato de una anciana. El letrado defendía que la impronta había quedado impresa en la ventana del domicilio de la víctima mientras el delincuente escuchaba lo que sucedía en el interior de la vivienda.

Desde entonces han sido muchos los que han acabado entre rejas por cometer un hecho delictivo mientras apoyaban inocentemente su cabeza en el dintel de una puerta o en la culata de una escopeta. Allí dejaron una huella identificativa que permitió a los investigadores facilitar su detención.

En nuestro país el primer caso que se resolvió analizando la huella del pabellón auricular se produjo en Santander en el año 2000. Tras producirse varios robos en la capital cántabra la policía científica encontró la huella de una oreja en la puerta de entrada de una de las residencias. Desde entonces se han hecho más de doscientas identificaciones por este método.

Otograma, otohuella o huella auricular
Todos conocemos los métodos de identificación más usuales empleados por los cuerpos de seguridad del Estado como son la huella dactilar, la palmar o la plantar, o aquellas que han surgido bajo el paraguas de las nuevas tecnologías, como las características del iris, el estudio del ADN o el reconocimiento de la voz.

No es tan popular para el gran público el análisis de las huellas del pabellón auricular, lo que se conoce con el neologismo de otograma. Este término no está exento de cierta controversia, ya que la Real Academia de la Lengua Española prefiere la denominación de otohuellas o huellas auriculares –derivado del vocablo anglosajón earprint-.

Este tipo de estudio identificativo se basa en que el pabellón auricular es uno de los rasgos más fiables en el reconocimiento biométrico y que, a diferencia de las huellas dactilares, no tiene apenas cambios a lo largo de la vida de una persona.

Análisis de la oreja
El pabellón auricular está constituido por un esqueleto cartilaginoso, que se pliega sobre sí mismo formando relieves y depresiones, que en su conjunto configuran al pabellón una forma característica. La otohuella es la representación bidimensional del pabellón auricular.

Desde el punto de vista judicial lo que interesa conocer son aquellas regiones anatómicas más prominentes y que se ponen en contacto con una determinada superficie: hélix, antehélix, trago y antitrago.

El análisis del conjunto hace la oreja se convierta en una tarjeta de visita universal, ya que su anatomía la confiere unas características muy interesantes: individualidad, enorme durabilidad y aceptabilidad en los ámbitos judiciales.

A pesar de todo, desde el punto de vista médico forense, la oreja todavía sigue siendo una parte del cuerpo infrautilizada en el reconocimiento de una persona. A pesar de que su descubrimiento es mucho más antiguo lo que se piensa, puesto que su origen se remonta al siglo XIX.

Fue el antropólogo francés Alphonse Bertillon el primero que consideró que la oreja era uno de los elementos más importantes en la descripción de una persona. Este científico afirmó de forma contundente que es casi imposible encontrar dos orejas que sean idénticas en todas sus partes.

Basándose precisamente en esta premisa, en 1964 el policía californiano Alfred Víctor Iannarelli presentó un novedoso sistema, al que bautizó como Earology, afirmando que la oreja humana, junto con la huella dactilar, era uno de los mejores medios para identificar a un individuo.

Desde entonces el avance en este campo ha sido espectacular: la policía científica no sólo dispone de un sistema estadístico sino también de una nomenclatura de los puntos de la oreja. Se podría decir que cada uno de nosotros tiene una fórmula polinómica auricular única e intransferible.


Fuente: ABC

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