ECONOMÍA

Negocio familiar convierte aceite negro y usado en lubricantes de altísima calidad

Publicado el 13/11/2017 06:31 pm


¿Es posible tener un negocio rentable y al mismo tiempo al servicio del medio ambiente? La historia de la familia Lari Castañón, dedicada hace más de 50 años al "re refinado" de aceites, demuestra que sí lo es.

 

"Cilube" es la marca del lubricante que se obtiene durante el proceso de conversión en la fábrica CILSA que opera en el distrito de Puente Piedra, al norte de Lima.

 

Don César Lari Dunker, gerente general de la empresa, aclara que su negocio no recicla aceite pues este término está asociado a vidrios, cartones o plásticos. Pero como el aceite es líquido, su transformación se denomina re refinación.

 

“Nosotros re refinamos aceites lubricantes usados, volvemos cristalino un aceite que llega a nuestra fábrica como deshecho de color negro, lleno de residuos, inclusive hasta mezclados con gasolina. Lo convertimos en un aceite indestructible”, comenta a la Agencia Andina.

 

El secreto: exponer ese producto inservible a procesos automatizados de macro y micro sedimentación y a altas temperaturas para extraer el agua que tiene el aceite usado. Para transformarlo en un lubricante con alto índice de viscosidad, se debe alcanzar un nivel de deshidratación perfecto.

 

Como la historia del "Patito feo" que al crecer se vuelve un bello y luminoso cisne, el aceite negro y usado se convierte en una especie de cristal amarillo, en un lubricante de altísima calidad que puede ser utilizado por vehículos con motor oil, hidráulicos, de trasmisión mecánica e industriales.

 

Actualmente, la mayoría de sus clientes son los lubricentros en Lima y empresas distribuidoras de petróleo ubicadas en otras ciudades del país. Recientemente la empresa de transporte de carga Pikango se sumó a la cartera de clientes.

 

Tradición familiar

Cuando el padre de don César creó la Compañía Industrial de Lima S.A (CILSA), hace 57 años, la primera en el Perú en concebir un producto amigable con el medio ambiente, su hijo era un niño de 10 años, un gran observador de sus sufrimientos por colocar este original producto.

 

“Las industrias transnacionales de entonces nos acusaban de competencia desleal y hacían difícil el crecimiento del negocio. Mi padre fue un visionario, siempre le interesó relacionar la industria con el ahorro. No concebía que se desperdiciaran las cosas. Por eso también creó el jabón Pepita, hecho a base de residuos de la industria que fabrica aceite. Fue un autodidacta”, rememora con admiración.

 

El niño de entonces, testigo de ver a su progenitor superar dificultades graves en el negocio, decidió décadas después asumir el control de la empresa y sacar adelante el sueño paterno: tener un negocio al servicio de la protección del medio ambiente.

 

En este sueño, se involucraron todos sus hijos, aunque al inicio don César no estuvo entusiasmado con la idea. Pero la verdad, no podía ser de otra manera. Su esposa, Cecilia Castañón, también comparte esta visión de vida, y desde pequeñitos les enseñó a amar la naturaleza.

 

Liza, Andrea y Luciano trabajan con él, cada uno desde su especialidad y conocimiento. Liza desde el área de recursos humanos, Andrea está a cargo de la gerencia de administración y finanzas y Luciano elabora actualmente un proyecto para que CILSA sea más eficiente.

 

Porque a pesar de que todavía se desconocen los beneficios que tiene este aceite en los motores de vehículos, la empresa crece, y tiene que prepararse para los próximos desafíos.  Actualmente, llegan a "re refinar" 40 galones de lubricantes usados al mes.

Pikango, transporte limpio

Hace cuatro meses, los integrantes de esta empresa familiar se encontraron con Juan Alberto Wu, un empresario que tiene su negocio en el rubro de transporte de carga.

 

Fue como abeja al panal, porque desde hacía algunos años Wu estaba convencido de que quería orientar sus esfuerzos empresariales hacia apuestas de cambios que hicieran sinergia con el crecimiento financiero del negocio.

 

“Es posible hacer empresa y contribuir a transformar los vínculos que tienen las personas entre sí y con la naturaleza. Quiero que los empresarios me copien para contribuir a resolver los problemas que afectan a nuestra sociedad y país”, sostiene Wu.

 

Pikango usa Cilube. Cuenta con 70 unidades de camiones, cada uno utiliza siete galones de aceite re refinado cada mes y medio. Su flota usa 490 galones cada 45 días. Cantidad respetable, pero que asume con tranquilidad pues sus costos se han reducido 20 por ciento por galón.

 

“Antes cambiaba de aceite cada 5,000 kilómetros y ahora cada 15,000. Cilube ya pasó por análisis de laboratorio, y me conviene usarlo pues quiero que mi empresa sea azul y verde. Es decir, rentable y protectora del medio ambiente. En el rubro de transporte, el negocio es muy informal, y los que optamos por ser formales queremos ser altamente competitivos”, subraya Wu.