Puno, 28 Febrero, 2017

 

Los videojuegos están cambiando el fútbol

Antes de sus primeras apariciones como joven delantero del Arsenal, Alex Iwobi solía fijarse en los nombres del equipo contrario, para ver si podía identificar a su oponente directo.

En la mayoría de los casos, se veía a la cara con un jugador al que nunca se había enfrentado. El director técnico, Arsène Wenger, y el cuerpo de entrenadores del Arsenal le daban consejos pero, en vez de solo aprender con la experiencia, Iwobi también recurría a otra fuente confiable.

“Buscaba su nombre y después intentaba recordar qué tan bueno era en el FIFA”, comentó.

Para millones de fanáticos del fútbol, los videojuegos son una droga introductoria al deporte y, más tarde, otra forma de satisfacer una adicción ya consolidada; esto sucede primordialmente con la serie FIFA de Electronic Arts y sus altos récords de ventas, pero también pasa con Pro Evolution Soccer, su rival, y con Football Manager, que es más cerebral.

Solo las múltiples versiones del FIFA han vendido más de 150 millones de copias a nivel mundial, según Forbes. Para algunos es la franquicia de videojuegos deportivos más exitosa de la historia, incluso sin contar su última entrega, el FIFA 17, que salió a la venta el mes pasado. Pro Evolution Soccer tiene más de 80 millones de copias en circulación, mientras la serie de Football Manager es una de las más vendidas para PC.

Los mismos jugadores están entre los devotos más fervientes de estos tres juegos. Andrea Pirlo declaró que “después de la rueda, el PlayStation es el mejor invento de todos los tiempos”. Zlatan Ibrahimovic escribió en su autobiografía que cuando comenzó su carrera “podía pasar 10 horas seguidas” jugando videojuegos de fútbol. En la víspera de cada temporada, John Terry solía ser el anfitrión de reuniones en las que él y sus compañeros del Chelsea jugaban Pro Evolution Soccer.

Víctor Vázquez, un excompañero de Lionel Messi en los equipos juveniles del Barcelona, recordó que Messi “jugaba tres horas sin parar” durante los maratónicos torneos. El compañero de Messi en el Barcelona, Gerard Piqué, otro graduado de La Masía (que es la famosa academia de fútbol de esa ciudad), dijo que seguía jugando FIFA “en el hotel, mientras estaba de viaje con el equipo”.

Y dos años antes de que el Manchester United lo convirtiera en el jugador más caro del mundo, vieron al mediocampista francés Paul Pogba jugando Football Manager durante el mundial de 2014. Jugaba como si fuese el director técnico del Chelsea y se había contratado a sí mismo.

Como muchos de su generación, Iwobi, de 20 años, creció con videojuegos. Por supuesto que también jugó fútbol. Como parte de su educación deportiva formal, lo hizo con un equipo cerca de donde vivía con su familia y, desde los 9 años, en la academia de los Gunners; y claro, en los intensos partidos llenos de técnica que se daban en la cancha de cinco ubicada en el vecindario donde creció, al este de Londres.

Ambas escuelas formaron al jugador que ahora es Iwobi. Aunque sus entrenadores refinaron su talento y le inculcaron disciplina y dedicación, él atribuye su control del balón cercano, por ejemplo, a haber jugado en la “jaula” de cinco, donde “los chicos más grandes que quieren quitarte el balón lo hacen con su fuerza” y aprovechan cualquier error.

Sin embargo, le debe a su gusto por los videojuegos su deseo de interpretar un papel. Al igual que Pirlo y Nesta, el equipo favorito de Iwobi en el FIFA era, como regla, el Barcelona, gracias a Ronaldinho. “Hacía muchos trucos, cosas que ni siquiera él habría intentado hacer en la vida real”, dijo Iwobi.

Sucedía lo mismo con Ronaldinho. Iwobi pasaba horas intentando dar vida a los trucos que su ídolo solo podía hacer en la realidad virtual. Cuando pudo dominarlos, le ayudaron en la jaula y después en su carrera.

También tenía debilidad por Aiden McGeady, un mediocampista irlandés mucho menos extraordinario. “Hacía un giro que me hacía salir a practicar al jardín”, comentó Iwobi.

Durante los últimos veinte años, los videojuegos de fútbol se han dedicado a una guerra en busca de la mayor autenticidad. FIFA y Pro Evolution Soccer estudian los movimientos de los jugadores para que sus simulaciones sean lo más cercanas a la vida real; Miles Jacobson, el creador de Football Manager, envía las primeras copias de su juego a 1500 jugadores para que prueben la versión beta, mientras que “el acceso que tenemos a los clubes” le permite a él y a su equipo incorporar rápidamente los nuevos avances.

La reacción de los profesionales sugiere que están teniendo éxito. El mes pasado, el delantero del Chelsea Michy Batshuayi se quejó en Twitter con los productores del FIFA 17 porque sus estadísticas de pase no eran tan altas, mientras Jacobson dijo que regularmente tenía que lidiar con jugadores, o sus agentes, que le piden que mejoren un poco sus valores. Ellos creen que los juegos reflejan el deporte de la vida real.

Ibrahimovic dijo que cuando era un jugador joven “solía encontrar soluciones en los videojuegos que después intentaba aprovechar en la vida real”. Mats Hummels, defensa del Bayern Munich y de la selección de Alemania, ha sugerido que “tal vez haya personas que usan lo que aprenden en el FIFA cuando están en el campo”.

La aseveración que Wenger hizo hace años acerca de que Messi era un “jugador de PlayStation” era más una explicación que un insulto: Messi hace cosas que parecen pertenecer a una pantalla “pixeleada” porque, en parte, así es como ha aprendido a ver el juego. Del mismo modo que Iwobi, la fantasía forjó su concepción de qué es posible y qué es imposible.

Sin embargo, el impacto de los videojuegos no se detiene ahí. Pirlo sugirió en su biografía que la visión ensalzada del fútbol que tiene Pep Guardiola proviene de las computadoras: su “gentil programación de los jugadores” es “PlayStation” puro, escribió Pirlo.

Aunque tal vez el impacto más significativo suceda fuera del campo. “Los datos son el fundamento de todo lo que hacemos”, indicó Duncan Alexander, el director del contenido británico del proveedor de datos Opta. “Está detrás de todo, desde pedir un Uber hasta las compras en línea”. Y el fútbol no es la excepción.

Ahora la mayoría de los equipos élite emplean analistas de datos que proporcionan un montón de mediciones que deben digerir los entrenadores, muchas de las cuales se basan en cantidades iniciales de Opta. Lentamente, y a escondidas, su trabajo se vuelve cada vez más sofisticado y cada vez más necesario para los clubes.

El aumento en el número de analistas —un cambio radical en el fútbol, un deporte conservador por naturaleza— puede deberse al éxito de Football Manager. Como opinó Alexander, muchas de las personas que trabajan para los clubes o para consultorías externas crecieron “en la década de 1990, cuando Football Manager comenzó a volverse popular”. Aunque no lo jugaran, al menos entendían el lenguaje.

“La cronología entre la popularidad del juego y el uso de los números en el fútbol es similar en líneas generales”, comentó.

Jacobson ha sido testigo de esa influencia. “Hay personas que hoy trabajan para equipos que juegan en la Liga de Campeones y empezaron como observadores que reunían datos para nosotros”, comentó. Muchos entrenadores regularmente se ponen en contacto con ellos para obtener el veredicto de los desarrolladores sobre posibles prospectos.

El año pasado, ProZone, una empresa de análisis, lanzó un programa para buscar talentos llamado Recruiter, que combina sus propios datos con los de Football Manager para formalizar esa conexión. Según Alexander, otros programas para buscar talentos, como InStat y Scout 7, ofrecen análisis mucho más “sofisticados” que Football Manager, pero cualquiera que haya jugado este último podría interpretar su formato fácilmente.

“Hace quince años, nadie usaba datos”, dijo Jacobson. “Es sorprendente lo preponderantes que se han vuelto. Me gustaría pensar que en parte fuimos responsables de eso”.

Como sucedió con los desarrolladores del FIFA y Pro Evolution Soccer, Jacobson y el equipo de Football Manager intentaban reflejar la realidad. Pero han ido más allá pues más que reflejarla, la han alterado.

Redes Pachamama (Fuente: Debate)