Puno, 24 Marzo, 2017

 

Opinión: SEMANA SANTA Y ELECCIONES

Por: Padre Luis Zambrano

Alguien podría decir que el título de este artículo está equivocado, pues le parecería una mezcla de religión y política. A decir verdad, ambas están naturalmente relacionadas pues todos los humanos  somos políticos en el sentido general de la palabra. Por otro lado, una gran parte  de la humanidad es religiosa, es decir, reconoce  la existencia de un ser creador y salvador.

 

Entonces, nuestras acciones, por lo general,  están marcadas por la política y por la religión. Si una persona dice: Yo no soy política, se equivoca, pues la política por tener que ver con el bienestar o malestar de un pueblo, es como el aire que respiramos, de la cual nadie se escapa, pues  frente al pueblo cada persona tiene una posición y una actitud.

 

A ese primer nivel se le llama POLITICA EN GENERAL. Pero la política tiene un segundo nivel que se llama POLITICA PARTIDARIA. En ella no participan todos, sino solo los que se organizan en partidos con el deseo de llegar a  gobernar el país.

 

Decir que el SISTEMA NEOLIBERAL aumenta la riqueza de pequeños grupos a nivel nacional y mundial y hunde en la pobreza injusta  a la inmensa mayoría  a la cual se la considera sin valor y se la descarta, es una actitud política. Callarse frente a esas estructuras injustas, quedarse indiferente ante esa realidad, también es una actitud política, pues el silencio en esas circunstancias se convierte en un silencio político.

 

El Papa Francisco, por su parte,  al criticar este sistema inhumano de explotación está incidiendo también, y con todo derecho, en la política. Así dice: “Hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata. No puede ser que sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire la comida cuando hay gente que pasa hambre” (Evangelii gaudium 53).

 

Lo mismo sucedió con Jesús. Aunque él no ingresó a la política partidaria, sus acciones y mensajes tuvieron necesariamente una carga política. El solo hecho de practicar la bondad en una sociedad corrupta, de ponerse de lado de los pobres, de acercarse a los leprosos, de curar el día sábado, de comer con los pecadores públicos, de criticar las injusticias de  autoridades políticas y religiosas, hizo que  lo catalogaran como una persona peligrosa para el sistema reinante.

 

Su mensaje, aunque religioso, era entendido como provocador. Así, en la sinagoga de Nazareth, en su primera presentación pública leyó el texto de Isaías 61, 1 que decía: “El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para traer Buenas Nuevas a los pobres, para anunciar a los cautivos su libertad y a los ciegos que pronto van a ver. A despedir libres a los oprimidos y a proclamar el año de la gracia del Señor” (Lucas 4, 18- 19).

 

             Jesús, a causa de su vida y su mensaje, tuvo enemigos muy poderosos que lo condujeron a la muerte. Ellos lo llegaron a considerar peligroso para la estabilidad de su nación. “Entonces los jefes de los sacerdotes y los fariseos reunieron el Consejo Supremo. Decían: ¿Qué podemos hacer? Este hombre va multiplicando los milagros. Si lo dejamos que siga, todos se van a entusiasmar con él, y luego intervendrán los romanos, que terminarán con nuestro Lugar Santo y nuestras libertades” (Juan 11, 47- 48; Juan 19, 12). La decisión de matarlo tuvo una motivación política. Pero, a la vez, tuvo una motivación religiosa: “Los judíos contestaron (a Pilato): Nosotros tenemos una ley  y según esta ley debe morir porque se hizo pasar por Hijo de Dios” (Juan 19, 7; cf. Mateo 23, 63- 68).

 

Volviendo a la situación de nuestro país aquí se vive una democracia formal que nos permite elegir cada cinco años a gobernantes nacionales. Sin  embargo,  la situación económica, política y social de gran parte de la población, en la cruda realidad, no en las encuestas y más allá del “chorreo” engañoso,  es de injusta pobreza y de desigual acceso a la salud y a la educación. Religiosamente hablando podemos decir que Jesús sigue siendo crucificado en los pobres y oprimidos del Perú.

 

Sucede que este año pocos días antes de las elecciones generales somos confrontados con la muerte de Cristo y  con la muerte de nuestro pueblo. Nos podemos dejar llevar por el conformismo y el pesimismo y decir que la política es sucia, que todos los políticos son unos corruptos y que a este Perú no lo cambia nadie. Sin embargo, esa no es la actitud que nos sugiere Jesús.

 

Él nos invita a participar en estas elecciones con ojos de fe, desde su pasión y resurrección, a ponernos de lado de los pobres y excluidos  de nuestro pueblo, a optar por los indígenas despreciados y por sus sabias culturas, a no elegir a políticos corruptos y autoritarios del pasado, a apostar por  políticos distintos, que con sus hechos y sus palabras muestren un auténtico compromiso con los pobres, que estén  dispuestos a cambiar este sistema neoliberal que nos mata de a pocos y de a muchos y nos lance a un sistema en que los pobres organizados  tengan voz y voto todos los días del año mediante su participación política.

 

Alguien se preguntará: ¿Esto es posible? Si no dejamos nuestra responsabilidad política a los politiqueros de siempre y si,  desde el lugar donde estemos,  nos juntamos para renovar el estado de cosas, SI ES POSIBLE. No olvidemos que el llamado de Dios y de su Hijo Jesús y del Espíritu que habita en nuestros corazones es el de la CONVERSION  y del CAMBIO (Marcos 1, 15; He 2, 37- 39; Isaías 58), que toca todas las esferas de nuestra existencia, también la política.

 

Recordemos que Dios no es el Dios de la tradición vacía,  ni del statu quo, ni de la repetición engañosa. DIOS ES EL DIOS DEL CAMBIO Y DEL CAMBIO SOCIAL.  ¿Nos atreveremos nosotros a ser agentes de cambio a pesar de los sacrificios que esto nos exige?

                                                                                  

“Pueblo de Dios”, Juliaca