El antropólogo Aldo Rojas destacó que la Tarkada es una de las danzas más alegres y explosivas del carnaval puneño, expresión que combina música, movimiento y color, donde cada danzante refleja la energía de la naturaleza y la identidad viva del altiplano.
Recordó que en su juventud creía que la danza rendía homenaje al arco iris, por los colores multicolores en los trajes, serpentinas y talco en los rostros, aunque posteriormente descubrió que su esencia está en la alegría popular y no en símbolos naturales específicos.
Rojas explicó que la Tarkada no tiene límites ni parámetros, pues nace del carnaval mismo, donde los bailarines disfrutan una libertad total, alcanzando un estado casi espiritual mientras el público aplaude su energía al pie del cerro Huajsapata, epicentro tradicional de esta fiesta.
En ese ambiente, el bombo, los tambores y las tarkas logran una sonoridad áspera y penetrante que envuelve al grupo y hace vibrar el cerro como si cobrara vida propia, consolidando una identidad sonora que diferencia a Puno de otras expresiones carnavalescas del país.
El antropólogo resaltó también la figura del pepino, personaje libre y espontáneo que rompe el control y provoca risas con sus gestos burlones. “Nada lo detiene, todo lo desordena”, comentó Rojas al describir la chispa que convierte cada baile en pura felicidad.
Para Rojas, la Tarkada simboliza la vitalidad y el humor del pueblo puneño, donde música, color y libertad se mezclan sin guion. Aseguró que al verla danzar se entiende el sentido profundo del carnaval, un espacio donde todos se reencuentran con la alegría de vivir.
