—¡Hija, no te asomes, ya no está la escalera!— gritó una madre a su niña, que se asomó desde el balcón del segundo piso, convertido ahora en la nueva puerta de entrada. Desde allí la pequeña miraba cómo su madre repartía aperitivos entre familiares y vecinos, quienes desde temprano intentaban rescatar sus viviendas tras el segundo desborde de la torrentera Chullo. La escena se repitió en varios sectores de Yanahuara y Cayma (Arequipa), donde el lodo volvió a marcar las fachadas y a alterar la rutina.
Entre las más de 1200 viviendas afectadas en la ciudad de Arequipa por el desborde de torrenteras, esta casa de la urbanización San Agustín, ubicada a una cuadra de la calle Grande y a otra de la torrentera, recibió por segunda vez el impacto de la corriente. El agua y el barro rompieron las puertas de la cochera e ingresaron con piedras y escombros. La tierra se acumuló en los ambientes y dejó una capa espesa que obligó a la familia a refugiarse en el nivel superior. El miedo se instaló junto con la incertidumbre mientras la lluvia continuaba durante la tarde del 22 de febrero.
Al día siguiente, la emergencia impuso su propia rutina. La familia empezó otra vez a evaluar daños, revisar pertenencias y retirar el barro con palas y baldes. Cada objeto limpio representó una pequeña victoria frente a la posibilidad de nuevas precipitaciones. La preocupación se mantuvo constante, compartida por quienes también resultaron afectados en la zona.

El panorama en las urbanizaciones Cooperativa de Abogados, Buena Vista y San Agustín resultó extenuante. Excavadoras removían tierra en las vías principales mientras en los pasajes el lodo alcanzaba hasta metro y medio de altura. Los servicios básicos volvieron a interrumpirse. Varias familias intentaban rescatar lo que quedaba útil; otras optaron por mudarse de manera provisional. Una vecina relató a la prensa que trasladó a su familia a otro lugar y permaneció sola para salvar sus pertenencias, pese a su edad.
Vecinos refuerzan viviendas ante nuevas lluvias
La presencia de autoridades se registró de forma diversa y, en algunas zonas, intermitente. Personal del Gobierno Regional, de las municipalidades de Yanahuara, Cayma y Cerro Colorado, además de policías, militares y efectivos de la Marina, apoyó en la limpieza de calles principales. Sin embargo, en pasajes y vías secundarias, la labor recayó principalmente en vecinos y voluntarios que llegaron desde distritos menos afectados.

Durante más de seis horas, familiares y voluntarios reforzaron accesos expuestos, elevaron muebles y electrodomésticos y retiraron piedras para formar barreras de contención. En algunos casos cortaron rejas de una loza deportiva cercana para bloquear puertas ante la falta de sacos de arena y materiales. Con la llegada de la tarde volvió la incertidumbre: nadie sabía si las defensas improvisadas resistirían otra crecida. Muchos vecinos dejaron de pedir apoyo para limpiar y exigieron la liberación de las torrenteras para evitar que la historia se repita. En algunos casos cortaron rejas de una loza deportiva cercana para bloquear puertas ante la falta de sacos de arena y materiales.




