La Sociedad de Beneficencia Pública de San Román en Juliaca contrastó su gestión solidaria con la burocracia de Puno al entregar nichos inmediatos a familias vulnerables. Juana Pilco Escobedo, gerente general, cuestionó la falta de empatía de la institución puneña tras negarse a brindar apoyo oportuno, para dar cristianas sepultura a menor.
Pilco Escobedo manifestó que en Juliaca las decisiones se toman en horas, no en días ni trámites prolongados. La beneficencia de San Román entregó nichos a una mujer atropellada y un niño de ocho años fallecido sin que las familias necesitaran solicitar formalmente este apoyo solidario.
«Inmediatamente me comunico con todos los miembros del directorio y el alcalde Oscar Cáceres Rodríguez», explicó la gerente. La coordinación rápida entre presidente Richard Agramonte Givaja, directorio y autoridades permite actuar cuando detectan casos de personas sin recursos económicos para servicios funerarios básicos.
La gerente cuestionó directamente la actuación de Puno donde la burocracia impidió sepultura digna. «Si yo estuviera en esa situación, inmediatamente estaría en el apoyo inmediato porque es mi función», afirmó Pilco Escobedo criticando que se privilegie trámites sobre necesidades humanas urgentes.
La beneficencia juliaqueña no espera solicitudes formales sino actúa por iniciativa propia al conocer públicamente casos críticos. La institución gestiona cuatro cementerios: central, la capilla, satélite y Collana, donde disponen espacios para familias en extrema vulnerabilidad sin esperar papeleos burocráticos innecesarios.
Pilco Escobedo enfatizó que, aunque las sociedades de beneficencia no reciben presupuesto del Estado, deben cumplir su función social. Según el Decreto Legislativo 1411, estas entidades están obligadas a prestar apoyo inmediato a personas necesitadas, no a burocratizar procesos cuando urge dignidad humana.
La gerente consideró que todos los cementerios, públicos y privados, deben dar acogimiento inmediato en casos vulnerables. Lamentó que en Puno «se prefirió la burocracia» antes que enterrar dignamente a un niño, situación que calificó como falta de corazón y ausencia total de sensibilidad institucional.


