La productora frutícola del distrito de San Gabán, provincia de Carabaya, Katia Abarca, advirtió sobre los efectos de la minería ilegal, principalmente en la vecina región de Madre de Dios, donde esta actividad ocupa terrenos antes destinados al cultivo de frutas, provoca deforestación y afecta la flora y la fauna.
“El oro se cotiza muy bien, pero ¿a costa de qué? A costa de los bosques y de la fauna”, cuestionó Abarca, y señaló que esta situación está destruyendo una parte del pulmón del planeta, con impactos visibles en el entorno natural y en la calidad de vida de las comunidades.
En San Gabán, uno de los principales problemas es la falta de carreteras para trasladar la producción, aunque la Carretera Interoceánica mejoró el acceso a los mercados y redujo la dificultad para llevar la fruta a ciudades más grandes.
Con apoyo de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas, conocida como Devida, los agricultores impulsan cultivos alternativos a la hoja de coca, como cacao, piña, copoazú y camu camu, y transforman sus productos para darles valor agregado y mejorar sus ingresos.
“Somos una asociación de 25 socios que venimos trabajando en la transformación de nuestros productos”, afirmó Abarca, y explicó que la organización comercializa en Puno y participó en ferias de Cusco, Arequipa y Lima, lo que permite mostrar sus productos frutales a nuevos compradores.
La experiencia de Katia Abarca y su asociación muestra que la producción frutícola en San Gabán puede crecer con acceso a vías, apoyo institucional y mercados más amplios, mientras se evita el avance de la minería ilegal y se protege la biodiversidad de la zona.

