Un total de 97 conjuntos folclóricos en traje de luces, zampoñada y sikuris, acompañados por entre 7 y 12 bandas de músicos de Perú y Bolivia, llenaron de música, color y tradición en el concurso llevado en estadio de la universidad Nacional del Altiplano en honor a la Octava de la Festividad Virgen de la Candelaria 2026 de Puno.
El evento, que comenzó a las 7 de la mañana, arrancó con las presentaciones de los conjuntos Armonía de Vientos de Hujmaya y Sikuris Glorioso San Carlos de Puno, aunque la Diablada Confraternidad Huáscar no se presentó por un permiso solicitado a la Federación Regional Folclore y Cultura.
El primer conjunto en competir fue el Centro Cultural Melodías El Collao – Ilave, que abrió el concurso con una exhibición de danzas como morenadas, diabladas, kullahuadas, llameradas, caporales, tinkus, waca wacas y zampoñadas.
Las tribunas del estadio colapsaron con un público nacional e internacional, que llegó para presenciar el espectáculo de luz, movimiento y tradición. Tras sus presentaciones, los conjuntos recorren las calles de la ciudad y el centro de Puno en un pasacalle para rendir homenaje a la imagen de la Virgen en el templo San Juan Bautista ubicado en el Parque Manuel Pino.
La festividad no solo es un espectáculo cultural, sino también un motor económico para la región sur del país.
El presidente de la Federación Regional Folclore y Cultura de Puno, Alexander Quispe Huaracha, resaltó que el evento ha crecido año tras año y merece una organización a gran magnitud. «La Candelaria ya no es solo una fiesta local, es un fenómeno que atrae a miles y debe ser tratado como tal», afirmó.
Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, la festividad de la Virgen de la Candelaria es un símbolo de identidad y orgullo para Puno.
Cada año, miles de visitantes llegan a la ciudad para disfrutar de la música en vivo, las danzas tradicionales y la gastronomía típica, que inundan las calles durante los días de celebración y los conjuntos participantes demuestran en cada paso su pasión y dedicación por mantener viva la cultura altiplánica.
El público, emocionado, no solo disfruta del concurso, sino también de la energía contagiosa que se respira en las calles. Los turistas, muchos de ellos por primera vez en Puno, quedan maravillados por la riqueza cultural y la calidez de sus habitantes. «Es una experiencia única, llena de color y alegría», comentó una visitante de Lima.
La festividad no termina hoy. El 9y 10 de febrero, Puno seguirá siendo el epicentro de actividades que incluyen la parada y veneración de la Candelaria, ferias gastronómicas y eventos religiosos. Los visitantes pueden deleitarse con platos como el chairo, la trucha frita y el queso helado, mientras disfrutan de la música y el baile en cada rincón de la ciudad.
La Virgen de la Candelaria es más que una festividad: es el corazón cultural de Puno y un legado que une a generaciones. Mientras los conjuntos siguen danzando y las bandas no dejan de tocar, la ciudad demuestra, una vez más, por qué este evento es Patrimonio de la Humanidad.
