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Cusco se consolida como núcleo de trata de personas que explota a niñas

La ciudad imperial funciona como punto de tránsito clave hacia campamentos mineros donde víctimas viven encerradas bajo amenaza constante

Organizaciones criminales captan adolescentes entre 15 y 17 años en Cusco para explotarlas sexualmente en zonas mineras ilegales del sur peruano

La ciudad del Cusco se ha convertido en un epicentro de captación y tránsito para redes criminales que explotan sexualmente a niñas y adolescentes de entre 15 y 17 años, quienes llegan buscando empleo y terminan atrapadas en bares y prostíbulos de zonas mineras ilegales como Madre de Dios, Arequipa y Puno. Desde 2022, tras la pandemia del coronavirus y la expansión de actividades ilegales, la ubicación estratégica de la ciudad imperial la transformó en un punto neurálgico para estas organizaciones.

Los criminales operan principalmente en agencias de empleo ubicadas en el centro histórico, como las de la cuadra 3 de la avenida Belén, donde a diario cientos de jovencitas acuden buscando trabajo; las organizaciones les ofrecen falsas oportunidades en comercio, turismo y minería informal, aprovechando la vulnerabilidad económica de las víctimas, según autoridades que monitorean estos espacios de captación sistemática.

Las autoridades regionales confirmaron que «nueve de cada 10 víctimas rescatadas presentan consumo de marihuana, cocaína o benzodiacepinas, sustancias que muchas veces desconocen haber ingerido hasta que se realizan los exámenes toxicológicos correspondientes».

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Red criminal con rutas definidas

El Cusco funciona principalmente como zona de paso y distribución, aunque también registra numerosos casos locales de captación; las víctimas son trasladadas mediante rutas establecidas hacia el corredor minero sur, La Rinconada y La Pampa, donde las condiciones de explotación se intensifican bajo el control de redes que coordinan el movimiento constante de mujeres.

Las adolescentes terminan encerradas en pequeñas habitaciones de bares y prostíbulos ubicados en la carretera rumbo a La Rinconada, específicamente en la localidad de Siquani, donde son explotadas sexualmente durante la noche bajo amenaza y asedio permanente de sus proxenetas; el aislamiento geográfico dificulta cualquier intento de rescate, confesaron propietarios de estos establecimientos consultados.

Un encargado de bar en la ruta confirmó que «las víctimas cambian cada fin de semana, eso lo ven los de arriba; mañana puede llegar una nueva, así funciona esto», evidenciando la rotación sistemática que impide la localización por parte de familiares o autoridades que intentan rescatarlas.

Operación coordinada entre regiones

Estas organizaciones mueven a cientos de mujeres cada dos o tres semanas siguiendo rutas específicas: Cusco-Quispicanchi-Puerto Maldonado constituye la primera; luego operan circuitos hacia Siquani, Puno, Espinar y Chumbivilcas, creando una red interregional de explotación que aprovecha la minería ilegal como fachada para sus operaciones criminales.

Especialistas en trata de personas señalan que «Cusco es considerada una región de captación y paso, somos frontera con regiones de explotación como Madre de Dios, Arequipa y Puno, que tienen zonas mineras donde se concentra la demanda de estos servicios forzados».

Según fuentes oficiales, el Perú registra 2,000 casos de trata de personas al año en 2025; el 99.5% de las víctimas son mujeres, niñas y adolescentes, y cerca del 65% terminan atrapadas en redes de prostitución vinculadas directamente con la expansión descontrolada de la minería ilegal, que genera ecosistemas propicios para la explotación sexual sistemática en territorios sin presencia estatal efectiva.

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