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Depresión afecta a 11,91% de peruanos con mayor impacto en jóvenes y mujeres

Instituto Nacional de Salud Mental identifica estigma y soledad como principales obstáculos para recuperación de pacientes con cuadros clínicos

Encuesta Nacional de Salud Mental 2022 revela que uno de cada ocho peruanos enfrenta este trastorno, alcanzando 65,4% en mujeres atendidas

La Encuesta Nacional de Salud Mental 2022 determina que la prevalencia de vida de depresión alcanza el 11,91% en el Perú, lo que significa que uno de cada ocho peruanos enfrentaría este trastorno en algún momento de su existencia, según informó el Instituto Nacional de Salud Mental «Honorio Delgado – Hideyo Noguchi» en el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Depresión.

​El INSM presentó resultados preliminares de la encuesta que impulsó en 2022, junto con registros de atención del Departamento de Emergencia correspondientes al año 2025, revelando que la prevalencia anual se ubica alrededor del 5%, afectando miles de hogares peruanos en su funcionalidad biológica y social.

​El doctor Javier Saavedra Castillo, director ejecutivo de la Oficina Ejecutiva de Apoyo a la Investigación y Docencia Especializada del INSM, declaró que «el mayor obstáculo para la recuperación es el estigma, existe el mito persistente de que la depresión es una falta de voluntad o una debilidad de carácter».

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​Mujeres concentran dos tercios de casos atendidos

La doctora Winnet Vargas, jefa del Departamento de Emergencia del INSM, presentó estadísticas de 2025 que muestran una proporción del 65,4% de atenciones por depresión en mujeres, consistente con datos de prevalencia que reflejan desigualdades estructurales y sociales. El doctor Saavedra explicó que esta situación responde a la sobrecarga de roles de cuidado, trabajo no remunerado e incremento de exposición al estrés crónico.

​Los jóvenes de 18 a 29 años lideran las estadísticas con una tasa de prevalencia actual del 2,49%, que duplica a la de adultos mayores de 30 años; el pico de consultas en emergencia ocurre entre los 18 y 24 años con cientos de casos anuales. Esta generación enfrenta precariedad laboral, incertidumbre económica y fragilidad de vínculos exacerbada por la era digital.

​El entorno urbano constituye un factor de riesgo determinante con una prevalencia del 12,48% frente al 8,92% en zonas rurales, siendo Lima Metropolitana y la macrorregión Centro los puntos más críticos, mientras en la sierra el sentido de comunidad actúa como amortiguador ante la competitividad extrema de las grandes ciudades.

​Estigma social retrasa diagnóstico temprano

El prejuicio de que los problemas de salud mental son signos de debilidad retrasa el diagnóstico, haciendo que muchos pacientes busquen ayuda solo cuando el cuadro es crítico, ocultando su dolor tras síntomas físicos como taquicardias o fatiga crónica. La depresión representa una condición clínica con bases biológicas y psicológicas, no una simple falta de voluntad.

​El doctor Saavedra señaló en entrevista que las personas deprimidas se muestran retraídas, aisladas, conversan menos y salen menos con amistades, aunque a veces el trastorno pasa desapercibido cuando se acompaña de somatizaciones gastrointestinales o dolores de cabeza. Los dos síntomas cardinales son la tristeza continua perenne y la anhedonia, incapacidad de disfrutar lo que antes agradaba, que persisten más de dos semanas.

​La doctora Vargas indicó que el 18,9% de todas las consultas de emergencia son por síntomas depresivos, lo que revela que la población está identificando el malestar, aunque frecuentemente acuden cuando hay ideación suicida.

​Tratamiento ambulatorio predomina en atención de emergencia

El 98,42% de pacientes que llegan a Emergencia con síntomas depresivos son manejados de forma ambulatoria, evidenciando que la hospitalización no es la única vía; sin embargo, se requiere robustecer la red de seguimiento para evitar abandonos del tratamiento. Muchos pacientes discontinúan la atención al sentir una mejora leve, abriendo la puerta a reincidencias peligrosas.

​El tratamiento inicia con atención psicológica para depresión leve, estableciendo rutinas positivas y revisando situaciones que generan decaimiento; cuando el cuadro es moderado a severo participa el médico general, y en casos graves con riesgo suicida interviene el psiquiatra. Este esquema escalonado permite abordar la enfermedad según su severidad.

​Las personas viudas, separadas o divorciadas presentan la tasa más alta de depresión con 19,21%, confirmando que la soledad no deseada es el predictor más fuerte de la enfermedad; el aislamiento físico y emocional eleva exponencialmente el riesgo.

​Organización Mundial de la Salud proyecta agravamiento

La depresión ocupa los primeros lugares entre principales problemas de salud pública en países en desarrollo, y la Organización Mundial de la Salud estima que para 2030 ocupará los primeros lugares a nivel mundial, según datos compartidos por el doctor Saavedra. Los estudios de carga de morbilidad del Ministerio de Salud revelan que la depresión aparece en primer o segundo lugar de discapacidad, siendo el primero en mujeres.

​El anonimato y la competitividad extrema de las grandes ciudades erosionan la salud mental de la población, contrastando con zonas rurales donde la cohesión comunitaria reduce el impacto del estrés y el aislamiento. El sentido de pertenencia a una comunidad resulta fundamental para fortalecer la resiliencia emocional.

​El sistema de salud enfrenta el desafío de que muchas personas confunden los síntomas depresivos con dolencias físicas, retrasando la identificación del trastorno; además, el estigma social persiste al considerar vergonzosa la consulta psicológica.

​Factores protectores reducen vulnerabilidad emocional

El doctor Saavedra destacó que «fortalecer los lazos de reciprocidad, promover el cuidado mutuo y fomentar un propósito de vida con sentido son elementos clave para la salud mental colectiva», enfatizando la educación emocional desde la infancia como herramienta preventiva. Desarrollar capacidades para reconocer emociones, fomentar resiliencia, pedir ayuda y gestionar el estrés permite evitar el quiebre emocional en la vida adulta.

​Contar con un propósito, sentido de vida o motivación que trascienda lo material permite relativizar dificultades cotidianas, fortalecer la esperanza frente al futuro y prevenir la anhedonia mediante recursos internos que favorecen la resiliencia. La validación emocional y el reconocimiento actúan como amortiguadores ante la presión constante.

​El Ministerio de Salud ofrece la Línea gratuita 113, opción 5, donde se brinda orientación profesional confidencial en salud mental; el INSM enfatiza que pedir ayuda no es un acto de debilidad, sino de profunda valentía para recuperar el motor de la vida ante señales de tristeza, aislamiento y desesperanza.

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