El 86% de peruanos rechaza la idea de votar por un candidato corrupto que haga obra, según el estudio ¿Cómo vota el Perú?, de Arellano Consultoría Para Crecer, revelando mayor conciencia cívica frente a procesos electorales anteriores.
El informe, basado en encuestas en ciudades y campo del Perú, identificó que los electores priorizan experiencia para gobernar y equipos sólidos, aunque esos criterios aún no se reflejan en sus decisiones reales al momento de votar.
«El electorado tiene claro qué exigir, el problema es que aún le falta entender la relevancia de hacer bien ese proceso de elección«, señaló uno de los especialistas de Arellano, advirtiendo sobre el círculo vicioso del desencanto político.
El desencanto reduce la exigencia justo cuando más candidatos compiten
Comparado con la medición de febrero de 2025, la importancia asignada al voto por diputados cayó de 24% a 17%, y la de senadores descendió hasta 14%, indicando una desconexión creciente entre ciudadanía e instituciones legislativas.
El estudio advierte que el 97% de peruanos cree que le irá igual o mejor sin importar quién gane, separando su progreso personal de la gestión pública, lo que debilita la exigencia hacia los candidatos.
Con 36 partidos y candidatos presidenciales en competencia, los electores recuerdan espontáneamente solo tres nombres y ya reducen su análisis a dos opciones, con baja información y en etapas muy tempranas del proceso.
La ciudadanía busca información, pero deja la decisión para el último momento
Cerca del 40% de los encuestados declaró que le resultará difícil o muy difícil decidir su voto el 12 de abril, evidenciando que la abundancia de opciones genera parálisis en lugar de participación más reflexiva.
«Si tuviéramos mejores políticos, ese crecimiento sería muchísimo mayor, realmente estamos en una situación ideal en términos económicos pero no lo estamos aprovechando porque no tenemos la política que nos acompaña», precisó el consultor Rolando Arellano.
El estudio concluye que el incremento del interés por votar es la señal más alentadora del proceso, aunque la decisión final se pospone al último momento, cuando la información disponible ya no puede procesarse con la profundidad necesaria.
