El eslogan «Nuestras danzas son nuestra identidad» del Carnaval de Oruro 2026 revela un estado de alerta cultural en Bolivia frente al crecimiento de la Candelaria de Puno, según el antropólogo Aldo Rojas, quien sostiene que el mensaje gubernamental boliviano marca territorio y advierte que no negociarán su posición cultural frente a la avanzada puneña en turismo y prestigio.
El gobierno boliviano sintió con fuerza la avanzada puneña tras conocer que la Candelaria 2025 atrajo 86 mil visitantes generando impacto económico de S/ 111.6 millones, mientras en 2026 se superaron los 120 mil turistas y la Cámara de Comercio de Puno proyectó movimiento económico de más de S/ 566 millones, cifras que transformaron la fiesta en poder cultural y económico.
«Cuando una fiesta alcanza ese nivel de turismo y dinero, deja de ser solo una fiesta folclórica, se vuelve en el centro de atención, en una marca, en un poder cultural que en palabras simples es poder económico», afirmó Rojas sobre el crecimiento de la Candelaria puneña que representa riesgo para el mercado turístico cultural boliviano.
Mensajes políticos directos
El discurso oficial boliviano cambió de temperatura incorporando ideas de «copia» o «imitación», con Unitel difundiendo «podrán copiarnos la forma, nunca la esencia» y la Agencia Boliviana de Información usando como lema oficial «Nuestras danzas son nuestra identidad», mensajes que constituyen posición política directa y territorial frente al protagonismo creciente de la festividad puneña en la región andina.
Rojas sostiene que estamos en una competencia cultural abierta donde el que siente que puede dejar de ser centro de atención se vuelve más insistente con su versión de la historia, porque aunque Oruro mantiene turismo, el foco se mueve hacia Puno generando percepción de pérdida que motiva respuestas gubernamentales con lemas que fortalecen adentro y advierten afuera.
La disputa cultural ya no es precisamente por las danzas, lo que está en juego es la versión histórica, el prestigio y el mercado cultural, según el análisis del antropólogo que identifica cómo el crecimiento medible de Puno con más de 120 mil visitantes y proyección económica de S/ 566 millones en 2026 moviliza respuestas políticas directas del Estado boliviano para defender su territorio simbólico.
