En el contexto de incertidumbre que atraviesa el Perú y América Latina, el expresidente Francisco Sagasti reflexionó sobre la distinción entre legalidad y legitimidad en el ejercicio del poder, enfatizando la crisis de representatividad en el país. Según señaló, aunque la legalidad de los actuales gobernantes no es cuestionada, su legitimidad está profundamente debilitada.
Sagasti explicó que la legitimidad no se limita a haber sido elegido conforme a las normas, sino que exige al menos tres condiciones adicionales: consenso ciudadano, gobernar para el bien común y fortalecer la institucionalidad. «Hoy, vemos un gobierno y un Congreso que no cuentan con el respaldo de la población, legislan contra el bien común y han debilitado las instituciones», manifestó.
El expresidente criticó las recientes exoneraciones tributarias, los gastos desmedidos en el presupuesto público y el aval a intereses particulares, subrayando que estas acciones reflejan la desconexión con las necesidades del país. Además, expresó su preocupación por la falta de protesta social, atribuyéndola al cansancio postpandemia y a la precariedad económica que impide a los ciudadanos dejar de trabajar para movilizarse.
Sobre el futuro político, Sagasti hizo un llamado a los jóvenes a involucrarse en la política, argumentando que la inacción cívica perpetúa la degradación de la convivencia social y permite que “los peores” lleguen al poder. “Es posible gobernar bien. Lo demostramos en momentos críticos, como con la vacunación durante la pandemia, y se puede lograr más con gobernantes sensatos”, afirmó.
