El proyecto para llevar gas al sur del Perú, vital para el desarrollo de sus poblaciones y la industria, está paralizado por una sobrevaloración de más de 7.400 millones de dólares ligada a casos de corrupción internacional, explicó el ingeniero Carlos Aguilar Bustinza. Esta situación frena una obra que podría transformar la región.
El Gasoducto Sur Peruano, también llamado Sur Andino, comenzó su construcción en 2014 con la intención de abastecer de gas natural a las regiones del sur del país y así impulsar tanto a los hogares como a la industria local.
Aguilar Bustinza detalló que el plan original buscaba generar empleo y desarrollo, con un costo estimado entre 3.400 y 3.500 millones de dólares, cifra muy inferior a la que finalmente se aprobó para la obra.
Durante el gobierno de Ollanta Humala, la buena pro se entregó a un consorcio por 7.400 millones de dólares, monto que superó ampliamente el costo real y que está vinculado a la trama de corrupción Lava Jato, origen de la paralización en 2017.
Dijo que el gasoducto debía recorrer más de mil kilómetros desde Camisea hasta Ilo, pero hasta la fecha solo se han instalado 335 kilómetros de tubería, poco más de un tercio del total planificado, lo que evidencia el estancamiento del proyecto.
A pesar de la paralización, el ingeniero señaló que se completaron importantes avances técnicos, como el estudio de impacto ambiental, el expediente técnico y las autorizaciones para el paso por las ciudades involucradas.
Además, se compraron cerca de 630 kilómetros de tuberías de acero de 32 pulgadas de diámetro, que actualmente están almacenadas en diferentes puntos del Cusco y en Espinar, esperando ser utilizadas para continuar la obra.
Aguilar Bustinza explicó que estas tuberías permanecen guardadas desde hace años, lo que refleja el retraso y la falta de avance en un proyecto clave para la región sur del Perú.
Mientras tanto, una empresa llamada TGP, parte del consorcio Camisea, presentó una propuesta para construir un gasoducto costero que iría desde Marcona hasta Mollendo e Ilo, donde ya existen grandes termoeléctricas.
Esta nueva ruta busca principalmente generar energía más barata para la industria minera del sur, lo que podría cambiar la dinámica energética y económica de la zona si se concreta el proyecto.
