La Guardia Costera de Estados Unidos persigue este domingo un nuevo petrolero sancionado en el mar Caribe, confirmó un funcionario del gobierno estadounidense, tras la captura del buque Centuries el sábado como parte de la ofensiva contra la denominada flota oscura venezolana que transporta petróleo bajo banderas falsas.
El buque perseguido forma parte de la red de embarcaciones que evaden las sanciones estadounidenses, navega bajo bandera falsa y está sujeto a una orden judicial de decomiso, según el funcionario que habló bajo condición de anonimato. El Pentágono y el Departamento de Seguridad Nacional derivaron las consultas a la Casa Blanca, que no ofreció comentarios sobre la operación en curso.
El presidente Donald Trump, tras el primer decomiso del buque Skipper el diez de diciembre, anunció que llevará a cabo «un bloqueo» contra Venezuela y advirtió que «los días de Maduro están contados». La jefa de gabinete Susie Wiles declaró a Vanity Fair que Trump «quiere seguir volando barcos» hasta que el mandatario venezolano «se rinda».
Enfrentamiento político
Las empresas petroleras estadounidenses dominaron la industria venezolana hasta que los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro nacionalizaron el sector en los años setenta y el siglo veintiuno. Un panel de arbitraje internacional ordenó en dos mil catorce que Venezuela pagara mil seiscientos millones de dólares a ExxonMobil por compensaciones insuficientes tras la expropiación.
Al menos ciento cuatro personas han muerto en veintiocho ataques conocidos desde septiembre contra embarcaciones que la administración Trump acusa de contrabandear fentanilo, generando críticas de legisladores y activistas por falta de evidencias. Los decomisos provocan que varios petroleros sancionados ya desvíen sus rutas lejos de Venezuela, aumentando la presión económica sobre el régimen de Maduro.
Demócratas como el senador Tim Kaine exigen autorización del Congreso para la acción militar, argumentando que estas operaciones contradicen la promesa de Trump de evitar guerras innecesarias. El senador republicano Rand Paul calificó los decomisos como «provocación y preludio» de guerra, cuestionando el rol de Estados Unidos como policía mundial ante gobiernos con violaciones de derechos humanos.
