El cuerpo sin vida de una mujer con evidentes signos de violencia apareció en un pastizal de la urbanización Santa Catalina en Juliaca, descubierto por transportistas al amanecer, en un caso que pasó de desaparición a tragedia cuando la víctima fue identificada como Giraldina Tinoco Ccoya, una comerciante de 60 años que viajaba desde Sicuani.
Los conductores de la Línea 33 alertaron a la policía sobre el hallazgo, describiendo a la víctima con ropa colorida -pantalón rosado, blusa blanca y chompa roja-, mientras la escena mostraba zapatillas alejadas del cuerpo y pertenencias esparcidas en una bolsa azul, indicios de una posible lucha violenta.
Julio Corimanya Ancco, pareja de la fallecida, llegó a presentar la denuncia por desaparición justo cuando las autoridades confirmaban el hallazgo del cadáver, reconociendo a Giraldina al destapar el rostro cubierto con una tela blanca, detalle que aumentó las sospechas de tortura previa al asesinato.
El shock de Corimanya lo llevó a exigir una investigación rigurosa sobre la muerte de su compañera, quien había viajado a Juliaca para abastecer su negocio de frutas, un trayecto rutinario que terminó en tragedia en una zona conocida por su inseguridad.
La fiscalía ordenó el traslado del cuerpo a la morgue para la autopsia, mientras los investigadores analizaban la escena del crimen y los vecinos denunciaban la falta de alumbrado en el área, un factor que según ellos facilita actividades delictivas en este sector descampado.
El caso reveló la vulnerabilidad de la urbanización Santa Catalina, donde habitantes exigen mayor seguridad tras este feminicidio que evidencia los riesgos que enfrentan mujeres y comerciantes en zonas periféricas de la ciudad.
