Lucas Pinazo Durán no solo pinta: respira la esencia de su tierra. Su obra ganadora para el afiche de la Virgen de la Candelaria 2026 es un manifiesto visual de identidad, donde el danzante, el Amaru, el cóndor y la arquitectura colonial se funden en un mismo lienzo. «Es el amor por el terruño lo que guía mi mano», confesó. Su arte trasciende lo religioso para convertirse en un puente entre lo ancestral y lo contemporáneo, un diálogo que Puno clama desde sus raíces.
Para Pinazo, la festividad es un acto de fe colectiva, pero también un grito de resistencia cultural. «La Candelaria no es solo danza y música; es la cosmovisión andina viva», explicó. Su afiche, gestado durante años, condensa símbolos que narran historias: la serpiente Amaru —símbolo de sabiduría—, el cóndor —mensajero de los dioses— y la Virgen, testigo silenciosa de un sincretismo que late en cada puneño. «Cada pincelada es un homenaje a quienes nos precedieron», afirmó.
El arte como oficio sagrado y sacrificio cotidiano
El proceso creativo de Pinazo es ritual y solitario. «Entrar al taller es como adentrarse en un templo», describió. Horas, días, semanas: el tiempo se diluye cuando el lienzo blanco se convierte en un campo de batalla entre la técnica y la emoción. «No es solo pintar; es desnudar el alma», confesó. Su obra, premiada siete veces, es fruto de esa entrega absoluta, donde el error y la inspiración se abrazan hasta dar vida a imágenes que conmueven.
A pesar de su reconocimiento, Pinazo denuncia la indiferencia institucional. «En Puno, cuna de artistas, no hay una pinacoteca ni un programa que valore nuestro trabajo», lamentó. Su llamado es urgente: que el arte deje de ser un adorno electoral y se convierta en política de Estado. «En Francia, los artistas son embajadores; aquí, somos fantasmas hasta que llega la Candelaria», criticó. Su sueño: una escuela de arte pública donde las nuevas generaciones aprendan de los maestros locales.
El afiche 2026: un legado que trasciende el papel
El diseño de Pinazo no es solo un cartel; es un documento histórico. «Quise que fuera un espejo de lo que somos: mestizos, rebeldes, fieles», dijo. La inclusión de elementos como la catedral y el arco de Puno no es casual: son testigos mudos de una fiesta que evoluciona sin perder su esencia. «La Candelaria es dinámica, como nuestro pueblo», reflexionó. Su obra, ahora reproducida en miles de ejemplares, viajará más allá de las fronteras, llevando el alma de Puno al mundo.
¿Qué pinta el futuro para los artistas puneños?
Pinazo ve con esperanza los colectivos jóvenes que emergieron en los últimos años, pero advierte: sin apoyo, el talento se marchita. «Necesitamos que el Estado nos vea como agentes de cambio, no como decoración», exigió. Su mensaje final es un reto y una promesa: «Seguiré pintando, aunque tenga que vender mis cuadros en la plaza. Porque el arte de Puno no se rinde, se multiplica».
