Miles de venezolanos quedaron varados en el extranjero o solos en casa durante las festividades, sin poder reunirse con sus familias después de que el presidente Donald Trump declarara cerrado el espacio aéreo venezolano el 29 de noviembre. Las aerolíneas internacionales interrumpieron casi todos sus servicios.
La cancelación masiva de vuelos obligó a la diáspora venezolana a abandonar sus planes de regreso a casa. Vanessa Rojas, de 37 años, residente en Argentina, ahorró dos años para comprar pasajes para ella y su hija, pero su vuelo fue cancelado. «Ese día lloré mucho», confesó.
El cierre llega en un momento de tensión para los venezolanos, quienes observan con ansiedad cómo el gobierno de Trump intensifica la presión sobre Nicolás Maduro. Muchos culpan al líder autocrático de la crisis económica y humanitaria agravada por sanciones estadounidenses que empujó a millones a migrar.
Respuesta venezolana al aislamiento
El gobierno venezolano denunció el cierre como una «amenaza colonialista», pero días después la Administración Federal de Aviación emitió advertencias sobre aumento de actividad militar. Las principales aerolíneas internacionales suspendieron operaciones, y Venezuela revocó los permisos de varias aerolíneas extranjeras, profundizando el aislamiento del país.
El tráfico aéreo en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Caracas cayó a dos mil pasajeros semanales, una fracción de su volumen habitual, según fuentes de la industria aérea. Solo algunos miles más llegan mediante vuelos chárter desde Rusia y Polonia hacia Margarita.
Noemi Gómez, de 34 años, vio cancelada no solo su Navidad sino también su boda programada para el veinte de diciembre en Venezuela. En lugar de casarse con sus padres presentes, la pareja viajó a República Dominicana esperando celebrar pronto sus nupcias y el fin del reinado de Maduro.
