El aumento descontrolado de la minería ilegal en Puno ha agravado la contaminación por metales pesados en las ocho provincias de la región, exponiendo a la población a sustancias tóxicas como arsénico, mercurio, plomo y cadmio.
Según Fiorella Luna Lino, coordinadora del Programa de Metales Pesados de la Diresa Puno, el alza en el precio del oro que se ha cuadruplicado en los últimos años ha disparado la extracción informal del mineral, liberando estos contaminantes al ambiente y poniendo en riesgo la salud de miles de personas, especialmente en zonas cercanas a los ríos Coata, Ramis, Llallimayo y Suches.
Explicó que la minería ilegal, impulsada por la fiebre del oro, utiliza mercurio en el proceso de separación del mineral, un método que contamina el agua, el suelo y el aire. «Un litro de mercurio pesa casi 14 kilos», advirtió Luna
Además, ha señalado el grave impacto que este metal tiene en las comunidades cercanas a las zonas de explotación y los distritos más afectados se ubican en las cuencas de los ríos mencionados, donde la población consume agua y alimentos contaminados sin saberlo.
La Diresa Puno, a través de la Dirección de Salud Ambiental, realiza monitoreos de la calidad del agua para consumo humano, pero los resultados son alarmantes. Luna reconoció que los costos de los estudios son elevados y que se requieren presupuestos adicionales para atender a la población expuesta.
En los últimos dos años, el monitoreo se extendió a las provincias de Carabaya y Sandia, donde la minería ilegal es más intensa y el uso de mercurio, más frecuente.
