Paraguay eliminó a Alemania en octavos de final del Mundial tras imponerse en una definición por penales histórica, donde los teutones fallaron tres disparos desde los doce pasos, algo nunca antes visto en una selección que jamás había perdido una tanda en Copas del Mundo. Orlando Gill atajó dos penales claves y se consagró como la figura excluyente del encuentro.
El equipo dirigido por Gustavo Alfaro repitió la identidad que mostró durante todo el torneo, aguantando con orden defensivo y apostando al contragolpe con Miguel Almirón como bandera en ataque, quien fue vital para sostener la pelota en el primer tiempo. Alemania se mostró nerviosa y pasiva, carente de ideas para quebrar el esquema guaraní, abusando de centros sin destinatario claro.
Lothar Matthäus, campeón del mundo en 1990, declaró para Sky News que «no puedes usar la camiseta alemana y jugar con tan poca urgencia, con tan poca agresión y tan poco convencimiento, Paraguay peleó cada pelota como si fuera la última mientras Alemania se vio completamente ajena a las ideas». El exfutbolista exigió responsabilidades a cada jugador y técnico involucrado.
Orlando Gill, arquero de San Lorenzo, había sido criticado en la previa por su carácter silencioso, sin embargo respondió con seis atajadas claves durante el partido y dos penales detenidos en la tanda decisiva. El guardameta paraguayo fue elegido MVP y desmintió a quienes, como José Luis Chilavert, lo habían subestimado antes del cruce eliminatorio.
Paraguay llegó a esta instancia tras un debut desastroso con goleada en contra, pero Gustavo Alfaro nunca traicionó su idea de juego ni modificó el planteo inicial, incluso cuando las críticas arreciaban. El crecimiento del equipo fue innegable, pasando de ser un desastre a una epopeya que ahora ilusiona a todo un país sediento de revancha futbolística internacional.
El periodismo deportivo que había destrozado a Paraguay tras la primera fecha, tildando a los sudamericanos de desastre, hoy celebra la gesta como una hazaña de la raza guaraní, demostrando la incoherencia de usar el mismo argumento para glorificar una victoria que para denostar una derrota previa, lo que genera desconfianza en la audiencia.
De seis selecciones sudamericanas que iniciaron las clasificatorias, cinco avanzaron a instancias finales, confirmando que la región sigue siendo la más competitiva del mundo a pesar de los cuestionamientos iniciales. Paraguay demostró que la garra guaraní puede imponerse a cualquier potencia histórica cuando se juega con disciplina, coraje y absoluto convencimiento.
Un testigo del partido aseguró que «nunca había visto una postal tan desoladora de Alemania, ni siquiera en finales perdidas, porque esta derrota marca un antes y un después en la historia del fútbol teutón y genera una crisis profunda». El rendimiento colectivo alemán fue tan pobre que no mereció ganar el encuentro según varios analistas.
Paraguay enfrentará al ganador del cruce entre Francia y Suecia, pero ya cumplió con un batacazo histórico al eliminar al tetracampeón mundial en su propio juego. Todo lo que viene es bienvenido para un equipo que no pisaba octavos de final en 16 años y que ha mostrado un crecimiento futbolístico innegable e inspirador para el continente.

