Perú podría convertirse en el puente estratégico entre las dos cuencas oceánicas más importantes del mundo. Miguel Romero Sotelo, decano de Arquitectura de la USIL, plantea una conexión integral que una el Pacífico con la Amazonía y el Atlántico, aprovechando la posición geográfica única del país.
El experto destaca que la Cuenca del Pacífico concentra las economías más dinámicas del planeta. Perú, ubicado frente a este gigante comercial, podría potenciar su desarrollo si supera su actual fragmentación territorial mediante una planificación visionaria.
La propuesta incluye ejes transversales de este a oeste, replicando rutas históricas. Romero Sotelo recuerda que los incas conectaban Cusco con el Atlántico a través de caminos que llegaban hasta Brasil, demostrando que esta integración tiene raíces milenarias.
El plan sugiere crear tres macrorregiones: norte, centro y sur. Esta última uniría Madre de Dios con Arequipa y Moquegua, rompiendo el aislamiento tradicional de la selva y facilitando el flujo de productos y servicios.
Como ejemplo de planificación exitosa, menciona Villa El Salvador. Sus amplias avenidas diseñadas en los años 70 hoy permiten el desarrollo industrial y comercial, demostrando cómo la visión anticipada transforma territorios.
La estrategia requiere formar profesionales con capacidad de pensar a largo plazo. Romero Sotelo enfatiza que gestionar los recursos naturales exige tanto conocimiento técnico como compromiso ético, especialmente en un país megadiverso como Perú.
El arquitecto propone fortalecer los vínculos con Brasil, cuyo potencial tecnológico y mercado interno podrían complementarse con los recursos peruanos. Esta alianza suramericana generaría nuevas oportunidades económicas para ambos países.
La conexión portuaria es clave en esta visión. Los productos peruanos podrían salir tanto por el Pacífico como por el Atlántico, reduciendo costos logísticos y ampliando mercados hacia África y Europa.
Romero Sotelo advierte que este proyecto necesita consenso político y continuidad en las políticas públicas. Señala que los planes de desarrollo territorial deben trascender los periodos de gobierno para lograr resultados concretos.
El llamado final es a pensar en grande. Perú tiene todos los elementos para convertirse en un eje fundamental, pero requiere voluntad colectiva, inversión estratégica y una nueva mentalidad que supere el cortoplacismo.
