El general Jorge Tomás Guardia Riveros jefe de la Región Policial de Puno intentó justificar la ineficiencia en la lucha contra la criminalidad en Juliaca al señalar que su división solo cuenta con 12 camionetas patrulleras. Sin embargo el serenazgo municipal de la provincia supera en logística a la Policía Nacional pese a que sus efectivos ganan tres veces menos y carecen de preparación especializada.
Guardia Riveros evitó responder sobre la identificación de bandas criminales en Juliaca y solo aseguró que «están trabajando» y que «pronto habrá resultados». Admitió que la delincuencia se concentra en el centro de la ciudad donde la presencia policial es casi nula según denuncias ciudadanas.
La Policía Nacional en Juliaca registra 600 efectivos distribuidos en turnos de 200 por cada ocho horas. Aun así el general reconoció que la escasez de recursos limita su capacidad de respuesta. «Lamentablemente cuando suceden hechos no llegamos porque estamos en otros lugares» declaró sin explicar estrategias concretas.
El jefe policial argumentó que el serenazgo municipal tiene «mucho más logística» aunque sus patrulleros no superan la docena. «Nosotros solo tenemos cuatro patrulleros en emergencias y tres en cada comisaría» admitió. La contradicción surge al comparar sus declaraciones con informes que señalan 170 bandas criminales detenidas en los últimos meses.
Guardia Riveros defendió los operativos policiales como «parte de nuestra función» pero no aclaró por qué estos no han reducido los asaltos recientes. «Todo hecho es preocupante pero trabajamos día a día» repitió sin ofrecer datos sobre la efectividad de sus acciones.
El general también reveló que 60 policías están bajo investigación por vínculos con el crimen organizado. «Tenemos que limpiar la casa» afirmó aunque no detalló plazos ni medidas concretas. La población exige mayor transparencia y resultados tangibles ante el aumento de la inseguridad.
Ante el anuncio de protestas ciudadanas por la inseguridad Guardia Riveros pidió «confianza» y aseguró que los 4000 policías en Puno «maximizan esfuerzos». Sin embargo su incapacidad para explicar estrategias claras profundiza la desconfianza en una institución cuestionada por corrupción e ineficiencia.
