Un silencio solemne envolvió el cementerio de Cancharani en Puno, durante la misa por el primer aniversario del fallecimiento del pequeño Sebastián, el niño de cinco años cuya vida fue arrebatada tras ser víctima de torturas sistemáticas causadas por su madrastra, que conmocionaron a toda la región. La ceremonia reunió a ciudadanos indignados que mantienen viva la memoria del pequeño y exigen justicia por un crimen que desnudó las fallas del sistema de protección infantil.
El caso que sacudió a la sociedad puneña ocurrió el domingo 12 de mayo del año pasado en horas de la madrugada en el barrio Chejoña, cuando el menor fue llevado agonizante al Hospital Base III de EsSalud en Puno. Las evaluaciones médicas revelaron un cuadro de horror que nadie podía imaginar.

Los exámenes médicos determinaron que Sebastián Bustincio había sido sometido a torturas sistemáticas con diversos instrumentos como correas, cables, alicates, quemaduras con agua hervida y plancha encendida, evidenciando un patrón de crueldad sostenida durante diferentes fechas antes de su fallecimiento.
Erika Yenifer Condori Alarcón, madrastra del menor, fue identificada como la responsable de las torturas que acabaron con la vida del pequeño, a quien abandonó en el hospital donde posteriormente falleció, dejando al descubierto las graves lesiones que presentaba en distintas partes de su cuerpo.

La conmemoración también recordó a Brian Adrian, hermano menor de Sebastián de apenas siete meses de edad, quien falleció posteriormente mientras se encontraba bajo custodia del Hogar de menores «Virgen de la Candelaria» en Salcedo, institución que ha sido severamente cuestionada por el trato brindado a los niños bajo su protección.
La doble tragedia ha puesto en evidencia las deficiencias en los mecanismos de protección a menores vulnerables en Puno, despertando indignación entre los ciudadanos que exigen reformas profundas en las instituciones encargadas de salvaguardar los derechos de los niños y adolescentes.
El caso de Sebastián representa uno de los episodios más oscuros de violencia contra la infancia registrado en la región, generando un impacto profundo en la conciencia colectiva y motivando diversas iniciativas para prevenir que casos similares vuelvan a ocurrir en el futuro.
Los asistentes a la ceremonia renovaron su compromiso con la protección infantil y la vigilancia ciudadana frente a posibles casos de maltrato, manteniendo viva la memoria del pequeño Sebastián como símbolo de una lucha que busca transformar la realidad de miles de niños que podrían estar sufriendo situaciones similares en silencio.