Lancheros del puerto de Puno alertan una crisis en el turismo lacustre ya que la afluencia de visitantes ha disminuido drásticamente, afectando sus ingresos. Agencias turísticas ahora usan sus propias embarcaciones, marginando a los transportistas locales y dejándolos con pocas ventas.
Un transportista lacustre lamentó la baja demanda, pues las empresas de turismo ya no contratan sus servicios. Antes, las agencias dependían de ellos; ahora, estas poseen lanchas propias y captan directamente a los turistas, perjudicando su labor.
Por esta razón, los transportistas independientes solo logran llevar turistas locales o regionales. La llegada de visitantes internacionales es muy escasa, generando que apenas puedan cubrir sus gastos diarios.
El precio del pasaje se mantiene en diez soles por viaje de ida y vuelta, sin cambios desde antes de la pandemia. Este valor no se ha incrementado, resultando insuficiente para la subsistencia de las familias de los lancheros.
Ante esta adversidad, el lanchero sugiere que las autoridades o directivas deben realizar mayor promoción turística ya que es fundamental intensificar la propaganda para que más visitantes lleguen a los Uros, Taquile y Amantaní.
Los transportistas evalúan subir el pasaje por lo menos dos soles, pero existe una fuerte competencia desleal por parte de las agencias que también captan clientes en hoteles, ofreciendo los mismos precios bajos y dificultando su recuperación económica.
