Mientras otros países sudamericanos logran mayor productividad agropecuaria con menos apoyo estatal, Puno enfrenta una paradoja: las subvenciones gubernamentales han generado una dependencia que limita la innovación en el sector, según afirmó Renzo Cuadros Leveau, excoordinador regional del Proyecto de Apoyo de Nueva Zelanda al Sector Lechero Peruano.
En entrevista con Razón Libre de Pachamama Radio, señaló que el 80% de las tierras agrícolas en Puno tiene un pH ácido, condición poco compatible con el cultivo predominante de alfalfa. Este dato, según indicó, evidencia un desconocimiento técnico generalizado entre los actores del sector.
Programas estatales como el Proyecto Especial Binacional Lago Titicaca, Pradera, Agroideas y Procompite han contribuido a una dependencia tecnológica entre los ganaderos, quienes reciben múltiples beneficios sin desarrollar capacidades productivas propias, advirtió el especialista en desarrollo agropecuario.
“La subvención es el peor enemigo de la innovación y la competitividad”, indicó Cuadros, formado en Nueva Zelanda. Comparó la situación puneña con la de agricultores de Bolivia, Chile y Argentina, que producen más por hectárea pese a recibir menos ayuda estatal.
Desconexión académica limita desarrollo rural
La academia puneña mantiene un desfase significativo con la realidad productiva, evidenciado en ingenieros agrónomos que egresan sin saber realizar análisis básicos de suelos, una herramienta fundamental disponible en laboratorios regionales, pero poco utilizada, lo que acentúa el desfase entre formación y realidad productiva.
Ejemplos técnicos simples revelan esa desconexión: en época de lluvias, muchos tractores fallan debido al uso de llantas sobremedidas, cuando el problema se solucionaría ajustando la presión para mejorar el contacto con el suelo, conocimiento básico ausente en la formación de operarios.
“Tenemos que devolverle a la Pachamama”, insistió el especialista criticando que la extracción constante de nutrientes del suelo, como fósforo y calcio, mediante la producción lechera y cárnica, no se compense con un retorno adecuado, lo que compromete la sostenibilidad del sistema.
El proyecto Nueva Zelanda-Puno, que concluyó en 2020, demostró que es posible triplicar la productividad aplicando técnicas internacionales. Algunos ganaderos beneficiados lograron financiar con recursos propios viajes de capacitación por Sudamérica, comprobando así la viabilidad de métodos modernos y sostenibles, indicó.
