Una vecina del barrio Bellavista expresó su profunda preocupación por la proliferación de cantinas y discotecas clandestinas que operan sin control municipal, convirtiéndose en un grave peligro para los jóvenes universitarios de la ciudad de Puno.
La ciudadana que reside en la zona baja cerca de la avenida Costanera describió cómo estos negocios ilegales abundan en el sector, siendo frecuentados principalmente por estudiantes universitarios que quedan expuestos a múltiples riesgos.
La pobladora señaló que la municipalidad provincial realiza operativos esporádicos que clausuran los locales por uno o dos días, pero los propietarios desafían la autoridad y reabren sus puertas casi de inmediato sin consecuencias.
La entrevistada, quien por medidas de seguridad prefirió no revelar su identidad, indicó que muchos establecimientos operan con fachadas de tiendas de abarrotes o veterinarias mientras por dentro se dedican a la venta clandestina de alcohol.
Los vecinos que intentaron reclamar se encontraron con la agresividad de los inquilinos de estos locales, generando un ambiente de impotencia y temor que paraliza cualquier intento de organización barrial para enfrentar el problema.
La ciudadana hizo un llamado urgente a los padres de familia para que supervisen las actividades de sus hijos, investiguen su círculo de amistades y estén alerta ante posibles cambios de comportamiento.
Dirigió un mensaje especial a los padres de zonas rurales y provincias, advirtiéndoles que muchos jóvenes que llegan a Puno para estudiar terminan perdidos en el alcoholismo por la falta de supervisión familiar.
La entrevistada propuso formar comités de padres de familia en las universidades, similar al sistema de los colegios, para vigilar los locales nocivos y proteger efectivamente a los estudiantes universitarios.
Informó que la Universidad Nacional del Altiplano alberga dieciséis mil novecientos estudiantes, pero cuenta solamente con treinta y seis asistentes sociales y el mismo número de psicólogos, personal insuficiente para atender esta población.
La vecina observó que las actividades extracurriculares como las recepciones de cachimbos fomentan el consumo de alcohol, prácticas frecuentes en la universidad local que difieren de otras casas de estudio nacionales.
Relató su experiencia personal al buscar a un joven en la discoteca «La Casa del Loco», describiendo el ambiente como sorprendente y desolador, instando a otros padres a conocer esa realidad directamente.
Comentó que los docentes universitarios deberían mejorar su labor de tutoría, controlando más la asistencia estudiantil y supervisando las actividades cuando se suspenden clases para eventos festivos o celebraciones especiales.
La ciudadana indicó que la policía y la municipalidad trabajan de manera descoordinada, impidiendo que los operativos para cerrar estos locales clandestinos sean realmente efectivos y tengan resultados permanentes.
Expresó su indignación ante la inacción de las autoridades competentes, mencionando que detrás de los escritorios hay funcionarios que aparentemente desconocen cómo hacer respetar las leyes y normativas vigentes.
La vecina informó que como integrante de la junta barrial está convocando a otras autoridades locales para organizar reuniones y buscar soluciones definitivas a esta problemática que afecta a toda la zona.
