La Virgen de la Candelaria, venerada en Puno, representa una fusión única entre la fe católica traída por los españoles y las tradiciones ancestrales de los pueblos andinos. Según el investigador José Morales Serruto, esta advocación mariana se convirtió en un símbolo de resistencia y devoción para los puneños, quienes la adoptaron como protectora y representación de la Pachamama.
Los religiosos españoles asignaron a la Virgen de la Candelaria como “Patrona de los indios”, diferenciándola de la Inmaculada Concepción, destinada a los españoles. Morales Serruto explica que, mientras la primera recibió una capilla humilde, la segunda fue honrada con un templo lujoso, reflejando las divisiones raciales y sociales de la época colonial.
La devoción a la Candelaria se arraigó profundamente en el corazón de los puneños, quienes la vincularon con la generosidad de la tierra. Cada 2 de febrero, miles de fieles le rinden homenaje con danzas, cantos y ofrendas, agradeciendo por los frutos de la tierra y pidiendo su bendición para el futuro, según relata Morales Serruto.
La tradición oral atribuye a la Virgen de la Candelaria milagros que fortalecieron su veneración. Desde 1675, se le reconoce como protectora de los mineros, quienes la consideraban su salvadora en las profundidades de las minas, afirma el investigador.
A lo largo de los siglos, la festividad enfrentó represión y discriminación. Hasta 1956, las autoridades municipales prohibían el ingreso de danzantes rurales a Puno y les imponían multas por usar trajes típicos, según cita Morales Serruto. Estas medidas buscaban “civilizar” la festividad, generando indignación entre los devotos.
Pese a estas adversidades, la fe en la Candelaria ha persistido, convirtiéndose en una expresión cultural y espiritual que trasciende barreras raciales y sociales. Hoy, la festividad reúne a miles de personas, incluyendo turistas nacionales y extranjeros, en un espectáculo de danzas y colores que celebra la identidad puneña, destaca el investigador.
Morales Serruto resalta que la Virgen de la Candelaria ha sido adoptada por los aymaras como una representación de la Pachamama, fusionando elementos cristianos y paganos. Esta síntesis cultural ha permitido que la devoción perdure y se renueve con el paso del tiempo.
La festividad de la Candelaria no solo es una expresión religiosa, sino también un acto de resistencia y reafirmación cultural. En las calles de Puno, la danza, la música y la fe se entrelazan, recordando un pasado glorioso y proyectando un futuro lleno de esperanza y unidad, concluye Morales Serruto.
