“Nuestras espiritualidades originarias son integradoras, no conflictivas”, afirmó el antropólogo y guía espiritual Rubén Saraza Barriga. Explicó que la imposición del cristianismo durante la colonia no provocó una ruptura total de las creencias andinas, sino un proceso de sincretismo que hoy permite la convivencia natural entre prácticas como la challada a la Pachamama y la misa católica.
En entrevista con Razón Libre de Pachamama Radio, Saraza señaló que la primera salida heliaca de las Pléyades marcaba el inicio del ciclo anual andino. Precisó que esta interpretación se basa en crónicas coloniales analizadas en su libro “Saber Sagrado”, presentado recientemente en la Universidad Nacional de Trujillo, donde aborda la relación entre astronomía, espiritualidad y renovación comunitaria.
Indicó que, desde ese acontecimiento astronómico, entre el 5 y el 21 de junio, el Inca iniciaba procesiones con los waqes en el Cusco. Paralelamente, las comunidades desarrollaban el Colcaraymi, una ceremonia de agradecimiento a la Pachamama por los frutos cosechados y las semillas conservadas durante el año. Esta declaración la dio en el marco de la celebración del Año Nuevo Andino que se celebra cada 21 de junio.
Herencia viva: entre la fe ancestral y la identidad contemporánea
El antropólogo destacó que muchas comunidades mantienen vigentes estas prácticas ancestrales. Señaló que los comuneros realizan la challada a la Pachamama antes de participar en las misas patronales y, posteriormente, comparten alimentos y danzas colectivas, expresiones que reflejan la integración de las tradiciones originarias con el calendario cristiano.
Respecto al Inti Raymi, explicó que esta celebración, conocida en aimara como Marata o “partir del año”, cumplía tres funciones principales: rendir homenaje al sol, conmemorar al Inca y fortalecer la unión de los pueblos del Tahuantinsuyo. Añadió que la festividad se realizaba en diversos territorios del imperio y no únicamente en el Cusco.
Observó que actualmente escuelas e instituciones recrean el Inti Raymi con fines religiosos, culturales o folclóricos. Sin embargo, exhortó a las nuevas generaciones a reconocer y valorar esta herencia ancestral como un elemento fundamental de su identidad, frente a los desafíos que plantean el liberalismo económico y el avance de la tecnología sobre la memoria histórica colectiva.

