El libertario Javier Milei resultó electo ayer presidente de Argentina tras una reñida campaña contra el ministro de Economía, Sergio Massa. Con el 97,6% de los votos escrutados, Milei obtuvo 55,8% y una ventaja inesperada, la más amplia desde el retorno de la democracia en 1983.
Los automovilistas celebraron con bocinazos en Buenos Aires, mientras los seguidores de Milei festejaban eufóricos en la sede del partido. Massa admitió la derrota y felicitó a Milei, aunque advirtió que garantizar el funcionamiento del país será responsabilidad del nuevo gobierno.
La elección obligó a muchos a elegir al «menos malo». El triunfo se debe más al deseo de cambio que a Milei, dijo un consultor. La gente está harta de la inflación descontrolada y la pobreza creciente.
Milei prometió reducir drásticamente el tamaño del Estado para controlar la inflación, que supera el 140%. Massa alertó sobre el impacto, pero muchos prefirieron apostar a algo nuevo tras el fracaso económico.
Jóvenes, especialmente varones, se sienten atraídos por la retórica agresiva de Milei. Un fisioterapeuta dijo que su salario no alcanza «para nada» pese a su formación. Una empresaria hace «malabares» para no cerrar su firma, sin ayuda del gobierno.
Milei debió moderar propuestas polémicas, como flexibilizar el control de armas. Prometió no privatizar educación ni salud. Las encuestas vaticinaban un empate, pero la irritación social inclinó la balanza.
El libertario denunció posible fraude, pero los expertos descartan que pueda alterar el resultado. El triunfo entusiasmó a líderes de derecha como Jair Bolsonaro. Argentina virará a la derecha con un novato que llega al poder como outsider.
