En Puno, la ciudadanía atribuye el crecimiento de la inseguridad a la corrupción, un fenómeno que afecta gravemente a la sociedad. Denilson Medina señaló que la corrupción desvía importantes recursos que podrían emplearse para fortalecer la seguridad pública. Destacó la necesidad de una lucha frontal y contundente contra este mal, así como una reestructuración total de las instituciones estatales.
Por otro lado, Marco Tapia enfatizó que la corrupción relega la seguridad ciudadana a un segundo plano. Insistió en que la clave para combatirla es promover la honestidad entre los servidores públicos.
David Palacios subrayó la urgencia de adoptar medidas drásticas frente a la corrupción.
Arturo Leiva propuso una «limpieza» en el Gobierno para abordar este problema y señaló que la corrupción también se refleja en las acciones negativas de muchos policías.
José Yanarico criticó la falta de liderazgo en las organizaciones sociales y sugirió que el Poder Ejecutivo debería mantener reuniones regulares con la sociedad civil para enfrentar este flagelo.
Vladimir Arauso ironizó sobre la cotidianidad de la corrupción y expresó escepticismo acerca de que el Gobierno pueda resolver el problema sin verdadera voluntad política.
Finalmente, Raúl Quispe lamentó la presencia delictiva en todos los barrios y propuso aumentar el presupuesto de las instituciones encargadas de combatir la delincuencia para hacer frente a este desafío.
