Los incendios forestales en Chile dejaron al menos 21 muertos y 305 heridos esta semana, devastando 45.700 hectáreas de bosque y reduciendo a cenizas varios pueblos en la región sur-central, según informó la Corporación Nacional Forestal el jueves.
Las llamas destruyeron 2.359 viviendas y obligaron a cientos de personas a refugiarse en albergues provisionales, dejando un rastro de vehículos calcinados, animales carbonizados y restos óseos enviados a análisis forense para determinar si son humanos en las zonas más afectadas.
«Los bomberos y la policía trabajaron incansablemente, fue la primera vez que los vi llorar a ambos», declaró Pamela Crisóstomo, presidenta de una asociación vecinal en Lirquén, zona cero de la tragedia, al referirse a la magnitud del desastre.
Ataques y obstáculos para brigadistas
Los casi 8.500 bomberos chilenos enfrentan ataques armados y drones civiles que suspendieron operaciones aéreas en la localidad de Florida, donde las llamas permanecen fuera de control, obligando a pausar aviones que arrojaban agua y retardante.
El área quemada superó ampliamente las 8.500 hectáreas consumidas por el inferno de Valparaíso y Viña del Mar en 2024 que causó 131 muertes, convirtiéndose en una de las peores tragedias recientes del país según autoridades forestales.
México, Estados Unidos, Uruguay, Brasil y Argentina enviaron refuerzos con 145 bomberos mexicanos llegados a Concepción, mientras Chile negocia con agencias de Naciones Unidas y la Unión Europea para asistencia en combate de incendios y reconstrucción posterior.
