La problemática ambiental del botadero de Chilla ubicada en la ciudad de Juliaca, mantiene en alerta a las autoridades locales. Durante el año 2024 se iniciaron los trabajos de remediación, pero estos enfrentaron dificultades técnicas y administrativas que retrasaron el proceso. Actualmente, el proyecto muestra señales de reactivación bajo la supervisión del Ministerio del Ambiente.
El gerente de Gestión Ambiental de la Municipalidad Provincial de San Román, Arturo Oroz Bocángel, informó que la empresa consultora presentó informes sobre la necesidad de ampliar algunos trabajos ante la Unidad Ejecutora 003 del Ministerio del Ambiente. Esta entidad autorizó la continuidad del proyecto luego de una visita del nuevo director y del coordinador general, realizada el último viernes.
Durante dicha visita se definieron los siguientes pasos junto con la empresa residente y el equipo de supervisión. Gracias a ello, la obra ha retomado impulso y avanza de manera más ordenada, con respaldo técnico y administrativo del sector ambiental.
Según Oroz Bocángel, el avance actual del proyecto alcanza el 65 %. Los trabajos pendientes incluyen la cobertura del área afectada, la instalación de una geomembrana y la colocación de tierra agrícola para permitir la revegetación. Además, se implementará una planta de tratamiento químico para los lixiviados generados durante la etapa de estabilización.
La empresa ejecutora estima que la obra concluirá en un plazo de entre mes y medio y dos meses, ya que las fases más complejas ya fueron superadas. Asimismo, se cuenta con maquinaria suficiente, como excavadoras, volquetes y retrocargadoras, y con presupuesto asegurado al 100 % por el Ministerio de Economía. El único riesgo que podría afectar el cronograma es el clima, según advirtió el gerente ambiental, quien también señaló que se mantiene comunicación constante con los vecinos de la zona.
Finalmente, el plan técnico contempla que, una vez finalizada la remediación, el área sea convertida en un mirador turístico hacia la ciudad de Juliaca. La altura del terreno permitiría aprovechar el espacio como un lugar recreativo y paisajístico, transformando así un pasivo ambiental en un beneficio para la población.
