Uruguay amanece de luto tras la muerte de José «Pepe» Mujica, expresidente y figura emblemática de la izquierda latinoamericana. El exguerrillero, exmandatario y símbolo de austeridad falleció este miércoles en su humilde chacra de Montevideo tras una lucha contra el cáncer de esófago diagnosticado en abril de 2024.
Su cuerpo será velado en el Palacio Legislativo donde ocupó escaños como diputado y senador durante años. Miles de uruguayos y figuras políticas internacionales han confirmado su asistencia para despedir a quien transformó una vida marcada por la lucha armada en un ejemplo de compromiso democrático reconocido mundialmente.
La noticia ha generado conmoción en toda la región, donde Mujica era admirado por su filosofía de vida austera y su estilo directo de comunicación. «Uruguay pierde a uno de sus hijos más valiosos, el mundo pierde un pensador extraordinario», expresó el actual presidente uruguayo.
De tupamaro a presidente
Nacido el 20 de mayo de 1935 en el barrio montevideano de Paso de la Arena, Mujica creció en un hogar humilde junto a su madre Lucy Cordano, tras perder a su padre cuando tenía apenas seis años. Esta infancia de carencias forjó en él una sensibilidad social que lo acompañaría durante toda su trayectoria política y personal.
Su camino en la militancia comenzó en el Partido Nacional, pero pronto sus convicciones lo llevaron hacia posturas más radicales. En 1964 se unió al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, organización guerrillera urbana que protagonizó asaltos a bancos y secuestros durante los convulsos años sesenta.

La lucha armada le costó 13 años de prisión bajo condiciones infrahumanas durante la dictadura cívico-militar uruguaya. Recibió seis disparos en enfrentamientos con fuerzas de seguridad y sufrió torturas físicas y psicológicas como parte de un grupo de líderes tupamaros considerados «rehenes» por el régimen dictatorial que gobernó Uruguay entre 1973 y 1985.
El renacimiento democrático
Tras su liberación con la amnistía de 1985, Mujica rechazó la violencia y encauzó su energía hacia la política democrática fundando el Movimiento de Participación Popular que se integró al Frente Amplio. Su ascenso fue constante: diputado en 1994, senador en 1999 y ministro de Ganadería en el gobierno de Tabaré Vázquez en 2005.
El 1 de marzo de 2010, este exguerrillero asumió la presidencia de Uruguay tras ganar las elecciones con el 52,39% de los votos. Durante su mandato se aprobaron leyes progresistas como el matrimonio igualitario y la regulación estatal del cannabis, colocando al pequeño país sudamericano en la vanguardia regional.
Su gestión también se destacó por la creación de la Universidad Tecnológica, la reducción de la pobreza hasta cerca del 12% y el impulso a las energías renovables. Sin embargo, lo que más impactó al mundo fue su estilo de vida austero que mantuvo incluso ocupando la presidencia, rechazando vivir en la residencia oficial.
Un legado universal de Pepe Mujica
El «presidente más pobre del mundo», como se le conoció internacionalmente, donaba el 90% de su salario a causas sociales y continuó viviendo en su modesta chacra junto a su esposa Lucía Topolanski. Su viejo Volkswagen Beetle se convirtió en símbolo de una filosofía vital que rechazaba el consumismo y priorizaba el tiempo para vivir con libertad.
Tras dejar la presidencia en 2015, Mujica regresó al Senado hasta octubre de 2020, cuando se retiró definitivamente de la política activa debido a la pandemia de COVID-19 y su avanzada edad. Sin embargo, continuó siendo una voz moral influyente a través de entrevistas y conferencias internacionales.

En sus últimos años, aquejado por el cáncer que terminó con su vida, siguió defendiendo la democracia y alertando sobre los peligros del consumismo desmedido para el planeta. «No dejemos que los demás influyan sobre nosotros, sino que lo hagan con nosotros», fue una de sus frases que resume su apuesta por el diálogo horizontal y la responsabilidad colectiva.
Un símbolo que trasciende
La muerte de Mujica deja un vacío en la política latinoamericana que trasciende fronteras ideológicas. Aunque criticado por sectores conservadores y por algunos grupos de izquierda radical, su figura concitó respeto generalizado por la coherencia entre su discurso y su forma de vida austera y comprometida.
El gobierno uruguayo ha decretado tres días de duelo nacional mientras líderes mundiales confirman su asistencia al funeral. Los mensajes de condolencia destacan su capacidad para transformar la experiencia personal de sufrimiento en una visión política inclusiva y dialogante.
Pepe Mujica se va, como él mismo hubiera deseado, «liviano de equipaje» pero dejando una huella profunda en la historia política de Latinoamérica. Su legado principal no fueron las leyes que impulsó sino la demostración práctica de que el poder puede ejercerse con sencillez y sin perder los principios que lo llevaron a la vida pública.
