Como refugiados, los ucranianos fueron recibidos en Alemania con seguridad, servicios y empleos. Mientras continúa la guerra, renunciar a eso no es fácil.
El desmantelado aeropuerto de Tegel en Berlín es la primera parada para muchos ucranianos que llegan a Alemania, con 3.000 alojados en grandes salas blancas cerca de una antigua pista.
Desde que huyó de Ucrania, Iryna Khomich se instaló en un pequeño espacio en un pueblo de unidades prefabricadas en el suroeste de Alemania, con una litera, un armario y ropa secándose en los radiadores.
Como otros desplazados, Khomich, de 37 años, lucha a diario con la agonizante decisión de si debería volver a Ucrania, donde continúan los combates, o echar raíces en Alemania.
Es un dilema al que se enfrentan innumerables refugiados ucranianos en Europa, que sopesa el anhelo de tener una familia con el deber de reconstruir su país destrozado.
Y lo debaten en lugares como Friburgo, cerca de la frontera francesa, que ofrece los brazos abiertos, bienestar social y la promesa de una vida sin guerra.
Khomich extraña a sus padres en Járkiv, pero teme regresar mientras continúen los ataques con cohetes y drones contra la infraestructura civil.
Otros refugiados sienten que deben volver para cuidar a sus padres mayores o ayudar en la reconstrucción, a pesar del peligro constante.
Muchos lamentan tener que elegir entre la seguridad en Alemania o cumplir con su deber en Ucrania mientras el final de la guerra sigue siendo incierto.