La Municipalidad Provincial de Trujillo atribuyó el hundimiento registrado en la cuadra 9 de la avenida Juan Pablo II al colapso de una red de desagüe entre dos buzones de la urbanización Covicorti. Según el subgerente de Supervisión y Liquidación de Obras, Danny Florián López, la obstrucción habría provocado filtraciones que humedecieron la base del pavimento hasta generar el asentamiento de la carpeta asfáltica. Sedalib y la empresa ejecutora ya intervinieron la zona y anunciaron trabajos correctivos.
Muchas preguntas
Sin embargo, el episodio deja una pregunta que la ciudadanía tiene derecho a formular: ¿cómo una vía rehabilitada hace apenas un año con una inversión superior a S/1,4 millones presenta hundimientos tan rápidamente? Aunque el origen inmediato haya sido una falla en el sistema de alcantarillado, corresponde determinar si la obra fue diseñada y ejecutada considerando adecuadamente las filtraciones de agua y el intenso tránsito que soporta una de las avenidas más importantes de Trujillo.
La preocupación aumenta porque Juan Pablo II no es un caso aislado. En los últimos meses se han asfaltado y repavimentado diversas vías de la ciudad, pero hasta ahora no existe información clara y accesible sobre las garantías reales de duración de cada obra ni sobre los mecanismos de supervisión que permitirán exigir responsabilidades si aparecen fallas prematuras. Todo esto ocurre cuando se aproxima una nueva temporada de lluvias vinculada al fenómeno El Niño y Trujillo continúa arrastrando una deuda histórica en drenaje pluvial, pese a las lecciones dejadas por el Niño Costero de 2017 y el ciclón Yaku de 2023.
Cuidado con el efecto «boomerang»
El actual alcalde provincial, Mario Reyna Rodríguez, quien asumió el cargo tras la vacancia de Arturo Fernández, impulsa una intensa agenda de inauguraciones y obras mientras postula a la alcaldía por Alianza para el Progreso. Esa estrategia puede darle hoy visibilidad política, pero también implica un riesgo: si las pistas recién asfaltadas empiezan a hundirse, agrietarse o deteriorarse en poco tiempo, las obras que hoy se presentan como símbolo de eficiencia podrían convertirse en el principal cuestionamiento ciudadano a su gestión. Trujillo no necesita únicamente más obras; necesita obras bien hechas, con supervisión rigurosa y con garantías que protejan el dinero de todos los contribuyentes.
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