La corrupción política en el Perú nace de un financiamiento electoral perverso, donde intereses privados compran favores futuros a costa del Estado, según dijo el director de la Defensoría Nacional Anticorrupción del Perú, Eduardo Herrera Velarde.
En entrevista con Razón Libre de Pachamama Radio, explicó que estos negocios se sostienen mediante partidos sin ideología, conocidos como «vientres de alquiler», que funcionan como vehículos particulares para candidatos oportunistas sin trayectoria legítima.
«Quien paga la campaña, después controla al político,» afirma Herrera, subrayando que el origen del dinero define el rumbo de cualquier gestión pública en el país.
Confianza, trayectoria y oportunismo político
Herrera compara el sistema con el fútbol, pues partidos sin representación ni legitimidad siguen compitiendo como clubes descendidos, sirviendo de vehículos electorales para intereses ajenos al elector.
Para el abogado, la confianza ciudadana no debe medirse por títulos académicos, sino por la trayectoria y la integridad comprobable de quienes buscan representar al electorado peruano.
Herrera advierte que los aventureros políticos, quienes cambian de bando por conveniencia, perpetúan la impunidad, y llama a los ciudadanos a cuestionar siempre el origen del dinero en campañas.


