Tras una disputa que casi desata una guerra comercial, los vuelos de deportación de EE.UU. a Colombia se reanudaron este martes con la llegada de 201 migrantes en aviones de la Fuerza Aérea Colombiana. El conflicto surgió cuando el presidente Gustavo Petro rechazó dos vuelos militares estadounidenses, lo que llevó a Donald Trump a amenazar con aranceles del 25% a las exportaciones colombianas.
Los migrantes, muchos de ellos mujeres y niños, denunciaron haber sido tratados como criminales durante los vuelos estadounidenses. “Nos esposaron de los pies a las caderas”, relató José Montaña, uno de los deportados. Petro, quien recibió a los migrantes con un mensaje en X, afirmó: “Los migrantes no son criminales, son seres humanos que buscan oportunidades”.
La tensión entre ambos países escaló rápidamente, pero un acuerdo el domingo permitió reanudar las deportaciones bajo condiciones específicas. Colombia aceptó recibir a los migrantes en sus propios vuelos militares, garantizando un trato digno. Carlos Gómez, otro migrante, describió su experiencia como “una pesadilla” tras buscar el “sueño americano”.
Trump defendió el uso de esposas durante los vuelos, argumentando razones de seguridad y calificando a algunos deportados como “asesinos y narcotraficantes”. Sin embargo, no se confirmó cuántos de los 201 migrantes retornados tenían antecedentes penales. Wolfram Díaz, otro deportado, criticó el trato recibido: “Fue inhumano, nos trataron como delincuentes”.
Este episodio refleja los desafíos de las políticas migratorias de Trump, quien prometió deportaciones masivas. Mientras tanto, Colombia recibe a sus connacionales con un mensaje de solidaridad: “Están en un país que los ama”, concluyó Petro.



