La delegación diplomática mexicana en Quito arribó el domingo a México, luego de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador rompiera relaciones con Ecuador. Esto ocurrió en rechazo a la irrupción de policías en la embajada de México para detener a un exvicepresidente ecuatoriano que había recibido asilo político.
La inusual acción ecuatoriana desencadenó la condena de 18 países latinoamericanos y 10 gobiernos europeos. La misión encabezada por la embajadora Raquel Serur llegó al aeropuerto de la Ciudad de México, donde fue recibida por la canciller Alicia Bárcena.
Bárcena anunció que México acudirá ante la Corte Internacional de Justicia y otros foros para denunciar que «fue violada flagrantemente la inmunidad de la embajada y del personal diplomático». Afirmó que esto es algo sin precedentes, incluso en las peores épocas de las dictaduras.
Dentro de la delegación de 18 personas, vino Roberto Canseco, jefe de la sección consular en Quito, quien resultó lesionado al enfrentar a los policías que detuvieron al exvicepresidente Jorge Glas, acusado de corrupción y a quien México había concedido asilo horas antes.
La embajadora Serur criticó duramente al presidente ecuatoriano Daniel Noboa, asegurando que desconoce el arte de la política y el buen gobierno. La embajada permanecerá cerrada indefinidamente y se activarán servicios consulares desde Colombia y Chile para los mexicanos en Ecuador.
La OEA recordó a sus miembros su obligación de no invocar normas internas para incumplir obligaciones internacionales. España, la UE y Estados Unidos condenaron la violación de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, al igual que Bolivia, que defiende el asilo como tradición latinoamericana.
Glas fue trasladado a una prisión de máxima seguridad en Guayaquil. Su abogada relató que fue maltratado físicamente durante su detención. Expertos advierten que Ecuador deberá afrontar sanciones políticas y Glas podría demandar al país ante el sistema interamericano de Derechos Humanos.


