La proliferación de 37 candidatos presidenciales sin propuestas pragmáticas para combatir la corrupción, delincuencia, injusticia, discriminación, crimen organizado y minería informal mantiene al país en incertidumbre electoral, mientras los poderes del Estado permanecen inactivos y el Congreso opera con revanchismo y oportunismo que impide soluciones estructurales a los problemas nacionales.
El sistema actual centralista, unitario y comercial convierte los partidos en vientres de alquiler que ofertan cupos al mejor postor, reservan primeros escaños para fundadores y permite que candidatos presidenciales postulen simultáneamente como senadores, cerrando el círculo de poder y eliminando posibilidades de acceso democrático para candidatos independientes o minoritarios.
«Debemos modificar la ley de partidos políticos y la ley de elecciones para que solo existan tres partidos políticos bien estructurados, organizados y con principios, ahí recién podemos hablar de verdad de un cambio estructural de la política peruana», señala el abogado Moisés Wilfredo Callasaca Callasaca en su análisis de la crisis electoral.
Reelección indefinida obstaculiza democracia
La vigente ley de reelección de congresistas, gobernadores regionales y alcaldes genera preocupación exclusiva por mantenerse en el poder o buscar partidos donde comprar cupos para postular nuevamente, desviando la atención de las necesidades ciudadanas y perpetuando élites políticas que controlan el acceso a cargos de representación popular sin renovación generacional.
El transfuguismo político, práctica donde legisladores abandonan partidos donde fueron elegidos para incorporarse a otras bancadas sin consecuencias legales, debilita la representatividad democrática, traiciona la voluntad popular expresada en las urnas y permite negociaciones de poder que responden a intereses personales antes que al mandato electoral recibido.
La propuesta de derogar la reelección e implementar censura y vacancia para transfugas busca encaminar al país hacia democracia auténtica con representantes comprometidos, partidos consolidados con ideología definida y sistema electoral que priorice propuestas ciudadanas sobre intereses comerciales, sentando bases para transformación institucional profunda que el Perú necesita urgentemente.
