La víspera de la gran festividad en honor a la Virgen de la Candelaria, patrona de Puno, está marcada por un ancestral ritual: la entrada de q’apus a la ciudad, donde centenares de comuneros ingresaron portando leña sobre sus espaldas y lomos de llamas, alpacas y asnos.
Según cuenta la tradición puneña, el día antes del cumpleaños de la Mamita Candelaria, llega el turno de que el poblador rural caliente la fría noche para brindar una cálida bienvenida a la imagen venerada.

La palabra q’apu proviene del idioma uro y significa «fuego» o «candela». «Q’apus es fuego, la entrada de q’apus es ‘vienen a hacer la candela'», explica Pedro Chaiña, ex subprefecto provincial, quien como otros lugareños no falta cada año a esta ancestral costumbre que busca espantar el gélido clima poco antes de rendir homenaje a la Virgen Morena.
Así, entre cánticos, bailes y la inconfundible vestimenta de las pallas, Puno recibe a sus «q’apus» la jornada previa a la gran festividad mariana, perpetuando un rito que se remonta a épocas prehispánicas como símbolo del fervor popular hacia la Mamita de la Candelaria.
