Un equipo internacional de científicos determinó, en un meta-análisis de 146 estudios, que la deforestación total de bosques tropicales húmedos en América, África y Asia provoca una pérdida promedio del 86% del carbono almacenado, la cifra más alta entre todos los disturbios medidos.
El trabajo es resultado del simposio «Quantifying Regrowth and Recovery following Deforestation and Degradation» (R2D2), realizado en Potsdam, Alemania, en marzo de 2024, organizado por el Global Land Monitoring Team del Centro de Investigación en Geociencias GFZ de Alemania.
Los bosques tropicales húmedos almacenan cerca del 70% de toda la biomasa viva del planeta, por lo que su pérdida, ya sea por tala completa o degradación parcial, libera cantidades importantes de dióxido de carbono, aunque la degradación resulta más difícil de medir que la deforestación total.
Diferencias entre tipos de daño
Según el estudio, la degradación parcial, es decir, el daño sin talar todo el bosque, mostró pérdidas mucho más variables, entre apenas 0.8% y 96% según el tipo e intensidad del disturbio, siempre por debajo del promedio de la deforestación total.
Los investigadores reportaron que los incendios forestales generaron pérdidas de carbono cercanas al 48% en promedio, y la tala selectiva convencional un 39%, cifras bastante superiores a la tala de bajo impacto, que solo llegó al 16%, mientras la sequía extrema causó apenas 5%.
El análisis también reveló que cuando los daños se repiten o se combinan, como cuando un bosque sufre tala y luego se quema, las pérdidas de carbono alcanzan hasta un 56%, frente al 24% que provoca un solo tipo de disturbio aislado.
Recuperación y vacíos de información
Según los datos recopilados, los bosques con degradación parcial lograron recuperar más carbono con el tiempo, 75% en veinte años, comparado con apenas 38% en zonas donde el bosque fue talado por completo y debió regenerarse desde cero.
Los autores del estudio, liderados por V. Hein según los créditos de conceptualización y coordinación del trabajo, usaron datos de campo, sensores aéreos y satélites, encontrando que las estimaciones satelitales suelen mostrar tasas de recuperación más bajas que las mediciones hechas en terreno.
Los investigadores concluyen que persisten grandes vacíos de información en África y Asia, especialmente en monitoreo de largo plazo, por lo que recomiendan expandir la investigación en esas regiones para fortalecer las políticas climáticas globales.

