En lo cotidiano de tus días has sentido que dormir ocho horas y desayunar bien no son suficientes; a las tres de la tarde, apenas a mitad del día, la energía se esfuma y te sientes agotado, como si algo te faltara.
No estás solo, uno de cada cinco adultos vive atrapado en un ciclo de fatiga sin ninguna condición médica que lo explique, y casi a todos les dicen que es estrés, que necesitan más café o el suplemento de moda.
La explicación estaría en tu cerebro, donde miles de decisiones diarias acumulan glutamato (un mensajero químico), la cafeína tapa el cansancio sin quitarlo y ocho horas de sueño ya no alcanzarían para limpiar el desorden; aquí te lo explicamos paso a paso.
Un cerebro de cavernícola en un mundo saturado
Tu cerebro es casi idéntico al de tus antepasados de hace 300 000 años, que decidían poco y siempre por supervivencia, como buscar agua o evitar depredadores; hoy procesaría entre 33 000 y 35 000 decisiones desde que despiertas, según investigaciones recientes.
Cada decisión libera glutamato, el mensajero químico con el que el cerebro piensa; el psiquiatra John Olney descubrió que en exceso sobreestimula las neuronas hasta dañarlas, proceso que llamó excitotoxicidad, como un tráfico que satura las carreteras de una ciudad.
En 2003, Christine Miserandino, que vive con lupus (enfermedad autoinmune), repartió cucharas sobre la mesa para explicar a una amiga cómo se siente; cada una era una unidad de energía y cada tarea costaba una, metáfora que hoy describe el agotamiento mental.
Cafeína, adenosina y un mundo rendido al café
La cafeína no da energía, bloquea los receptores de adenosina (señal interna de cansancio) y, como una presa que se rompe, cuando su efecto termina toda la adenosina acumulada te golpea de una vez en el bajón de la tarde.
El mundo bebe 2600 millones de tazas de café al día, el consumo creció más de 17 % en una década y alcanzó un récord de 177 millones de sacos de 60 kilos en el último año.
En 2012, la neurocientífica danesa Maiken Nedergaard descubrió el sistema glinfático (limpieza nocturna del cerebro durante el sueño profundo); con un exceso de glutamato, ocho horas no alcanzarían, como camiones de basura con el doble de desechos en el mismo tiempo.
Somníferos bajo sospecha y la calma del huzur
Nedergaard sostiene que «el 90% de los somníferos interrumpe el sistema de limpieza del cerebro»; en ratones, el zolpidem, un somnífero habitual, redujo más de 30 % el transporte de fluidos cerebrales, y faltan estudios en humanos.
En España, cinco millones de personas duermen cada noche con pastillas y el doctor Gonzalo Pin, experto en sueño infantil, advierte que crece una generación dependiente de la melatonina (suplemento para dormir), con niños que no concilian el sueño sin una gominola.
En turco, huzur describe la paz interior, la tranquilidad y la serenidad; el psiquiatra Nevzat Tarhan, rector fundador de la Universidad de Üsküdar, explica que no tiene equivalente completo en inglés y que expresa vivir en paz con uno mismo.
Cinco soluciones desde el huzur para recuperar energía
No todo está perdido, una propuesta de cinco hábitos usa una letra de huzur para cada uno; el primero, hareket (movimiento), favorecería la neurogénesis (creación de neuronas), y el segundo, uyku (sueño), incluye la siesta de 20 a 30 minutos.
El tercero, zaman (tiempo), consiste en automatizar decisiones rutinarias, como los monjes benedictinos; dedicar 30 minutos el domingo a planificar la semana libera energía mental y evita gastar cucharas en decisiones pequeñas.
Los dos últimos, uyum (armonía) en un mundo dominado por las plataformas digitales te invita a frenar el doom scrolling (desplazamiento compulsivo por redes sociales, que generen preocupación) que mantiene al cerebro en alerta constante, destinando solo así tiempos cortos para el entretenimiento, y rutin (rutina alimentaria), te orienta a buscar y reemplazar los productos procesados como azúcares refinados y ultraprocesados; por arándanos, nueces, pescado y alimentos de temporada para una mayor variedad.









