El Senado destituyó este viernes 6 de noviembre al presidente paraguayo Santiago Peña, y poco después quedó en arresto domiciliario por la quiebra del Ueno Bank, que dejó sin sus ahorros a casi la mitad del país.
Los 44 senadores presentes votaron a favor de destituirlo por mal desempeño en el cargo, lo que lo convierte en el segundo presidente paraguayo apartado por juicio político desde 1989, cuando terminó la dictadura de 35 años del general Alfredo Stroessner.
El vicepresidente Pedro Alliana juró este viernes como presidente para completar el mandato, que termina en agosto de 2028, aunque también es investigado por el caso y hereda la presión de devolver el dinero a los ahorristas y castigar a los responsables.
Despedida del mandatario y enojo de ahorristas
El presidente destituido negó haber cometido irregularidades y, en un mensaje de despedida previo al veredicto, afirmó que no quería que su presencia causara más división ni inestabilidad, y reconoció la angustia de quienes esperan respuestas.
Por otro lado, Yinal López, quien trabaja en la empresa estatal de electricidad, cuyo fondo de pensiones de empleados también tenía dinero en Ueno, calificó lo ocurrido como una “enorme traición a la confianza”.
Cuando se conoció el veredicto, depositantes, jubilados y estudiantes con camisetas de la selección de fútbol ondearon banderas, cantaron y se abrazaron en la plaza frente al Congreso, donde también corearon consignas contra la dictadura.
De la quiebra de Ueno a la destitución
Los reguladores tomaron Ueno el martes de madrugada; el jueves por la tarde el mandatario ofreció renunciar, cuando su partido le dio la espalda, y el viernes la destitución le negó la inmunidad que habría tenido si el Senado hubiera aceptado su renuncia.
El mandatario, execonomista del Fondo Monetario Internacional, debe su ascenso al expresidente Horacio Cartes, jefe del Partido Colorado y empresario tabacalero, quien lo nombró ministro de Finanzas y respaldó dos veces su candidatura presidencial.
Los legisladores sustentan la destitución en su participación en la empresa matriz de Ueno y en haber nombrado como titular del Banco Central al exjefe de la financiera de ese banco, mientras la entidad crecía con más de 800 millones de dólares estatales.
Efectos de la quiebra y lecturas del caso
Al respecto, el profesor de teoría política José Tomás Sánchez, de la Universidad Nacional de Asunción, sostuvo que bajo ese gobierno el Banco Central perdió credibilidad y neutralidad, y aflojó sus controles para favorecer al grupo empresarial que tenía a Ueno como pilar.
Los clientes de Ueno no pudieron retirar efectivo ni usar sus tarjetas, una aplicación de transporte que dependía del banco cerró y dejó sin trabajo a 3000 conductores, y la empresa eléctrica estatal mantiene atrapados 21 millones de dólares en préstamos para obras.
Por su parte, el Banco Central califica la quiebra de caso aislado, asegura que el sistema financiero es seguro y sostiene que el seguro de depósitos, de unos 35 000 dólares, cubre al 97 % de los clientes de Ueno.
La ofensiva de Cartes y los procesos abiertos
En septiembre, senadores leales al líder del Partido Colorado cuestionaron al Banco Central por préstamos riesgosos de Ueno a empresas vinculadas, y tras la quiebra el expresidente, sancionado antes por el Tesoro estadounidense por presunta corrupción, pidió la salida de su protegido.
El sábado por la mañana el mandatario destituido deberá comparecer ante los fiscales, que lo investigan por abuso de confianza, tráfico de influencias y uso del cargo en beneficio propio, delitos que, en los casos más graves, acarrean hasta 10 años de cárcel.
Los fiscales ordenaron además arrestar a Carlos Carvallo, quien dirigió la financiera de Ueno hasta 2023, y hasta ahora no se sabe si fue detenido; en otro proceso acusaron a 27 personas, entre ellas el fundador Miguel Vázquez.









